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02/04/2008
Solterones
Que nadie se asuste de la palabrita, ni se dé por aludido, pero hoy me viene a la mamoria un tema que, creo que casi todos, tenemos en nuestra familia: Los parientes que, muchas veces por propia decisión, otras por circunstancias de la vida, se quedan solteros.
Ayer lo comentaba con mi mujer, y ella cree que en su familia no hay ninguno, ni tampoco tiene ningún familiar cura (O monja), aunque ésa es otra historia...
Muchas veces me he preguntado si el quedarse soltero por propia decisión es consecuencia de algún desengaño amoroso, o por miedo a fracasar en una relación de pareja. Yo confieso que, en un momento dado, tras sufrir el segundo revés sentimental (de los varios que he tenido en mi vida), me planteé seriamente el quedarme soltero, por aquello de "Más vale sólo que mal acompañado". Sin embargo, tras recapacitar en por qué otros sí tenían éxito, y yo no, me volvía aplantear la búsqueda de mi "media naranja".
Curiosamente, en mi familia paterna hubo el caso de dos tíos abuelos míos que se quedaron solteros, aunque por causas bien distintas: Uno era el típico bohemio, que no quería ataduras, que no se metía con nadie y que iba a su bola total. El otro era el típico "rata", que gastaba menos que Tarzán en corbatas, y que cuando murió, tenía almacenada una pequeña fortuna, como si hubiera querido llegar a ser el más rico del cementerio...
He conocido a muchos solteros y solteras, que no es que fueran mal parecidos, ni malas personas, pero no tuvieron suerte en encontrar la pareja adecuada. Habrá quien diga que es enemigo acérrimo de la relación en pareja, o del matrimonio, pero yo creo que lo dicen de boquilla, pues llega un momento en la vida, sobre todo en el otoño de la misma, en que el sentimiento de soledad debe ser agobiante, sobre todo si se está sólo entre los demás.
¿Teneis en la familia algún caso de soltería reclacitrante? Ya me contareis.
06/04/2008
Nos vemos a la vuelta.
Esta semana he andado con bastante ajetreo, más que nada dejando arreglado todo, para que la persona que me va a sustituir estos días en el trabajo lo tenga todo claro. Aparte de ello, he tenido que ir ultimando detalles y preparando planes y equipajes para el viajecito al que me voy con mi hija. Mi mujer dice que, si nos gusta aquello, podemos planificar un viaje en familia, aunque sin ir en avión (No ha manera de convencerla de que volar no es peligroso, que lo peligroso es estrellarse...Je, je, je.)
Mañana, 7/4/2008, si no pasa nada, ya dormiré en Roma, donde espero pasar unos buenos días hasta el próximo 10 de Abril, cuando vuelva a casa. Ya he ido tomando nota de lugares a los que ir, de sitios donde comer bien y a buen precio (Cosa complicada cuando salimos de neustras fronteras), así como de los sitios en los que poder comprar algunas cosas, como ropa y "souvenirs" diversos. Y es que no es lo mismo ir en un viaje organizado, y con guía, que ir por libre, por lo que hay que llevar toda la información que se pueda al salir hacia el destino.
Espero que mis conocimientos de italiano, un tanto oxidados por años de no usarlo, me sean de utilidad.
Incluso, si hay suerte, pues aquello me han dicho que es enorme y hay mucha gente, igual me veo con la amiga Luna por aquellos lares.
Ya os contaré cosas cuando vuelva. Un abrazo a todos/as.
12/04/2008
Roma, ciudad abierta, ciudad eterna. (1)
Bueno, ya estoy de nuevo en casa, tras dos días y medio en esa enorme ciudad, que respira historia por muchos de sus rincones, en forma de monumentos, ruinas y obras de arte que allí están para dejar su permanente mensaje a todos sus visitantes.
El vuelo fué bastante bien, y mi hija, que era la primera vez que subía en un avión, se lo tomó al principio con algo de miedo, pero una vez en el aire me dijo que no era para tanto el temor que muchos sienten por los aviones. Y es que siempre se ha dicho que "Volar no es peligroso, lo peligroso es estrellarse".
Entre aterrizar, recoger las maletas, salir del aeropuerto en autobús, llegar a Roma, tomar un taxi e ir al hotel, se nos hizo prácticamente la 1 de la madrugada, pero nos estaban esperando (Ya les había mandado un e-mail, avisando de lo tarde que íbamos a llegar), nos inscribimos y entramos en la habitación. Nos habían dado un cuarto con dos camas, una de matrimonio enooooooooorme y una camera. Mi hija, cuando vió la cama grande me dijo: ¡¡Me la pido!! Y es que su cara de ilusión era inmensa. Daba gusto verla disfrutar de todo lo que estaba viendo.
El alojamiento que había elegido, y contratado por Internet, era un B & B, que debía haber sido una antigua pensión, pero que estaba totalmente reformado. Por fuera, el edificio se veía muy antiguo, y no demasiado bien cuidado, pero por dentro era magnífico: Limpio, aseado, moderno, y con un suelo de terrazo de mármol tan pulido y reluciente que casi se podían comer sopas en él.
La habitación, amplia y con su propio baño, todo impecable. Aire acondicionado (Que no utilizamos, pues la temperatura era muy agradable) y un televisor de plasma, colocado en lo alto de una pared, y que controlábamos con mando a distancia. En la habitación nos dejaron una bandeja con todos los ingredientes del desayuno (Biscotes, croissant, zumo de fruta, mermelada, crema de chocolate, cubiertos de plástico, todo en sus embalajes bien precintado. También había un par de fichas metálicas, con las que se sacaba la bebida caliente, a elegir, de una máquina que había en la recepción. Nos dieron llave de la habitación, de la puerta del B & B y del portal de la calle, para que nos moviéramos con total libertad e independencia de horarios.
A todo ésto, mis conocimientos de italiano me fueron bastante útiles, aunque los tenía algo "oxidados", pero me fuí soltando poco a poco y me entendía muy bien. Aparte de éso, eran bastante amables y se preocupaban de entender y de hacerse entender, lo cual es muy de agradecer.
Me desperté temprano, y tras ducharme y asearme, desperté a mi hija diciéndole:"Levanta, que Roma nos espera". Y se levantó enseguida, cosa rara en ella, pues le tiene gran apego a las sábanas. Mientras se arreglaba, fuí a por la bebida del desayuno ("Capuccino con chocolate") y lo tomamos en la habitación. Me dijeron que en la puerta paraba el tranvía 19, que nos llevaba al lado mismo del Vaticano. Compramos los billetes en un estanco que había al lado de la puerta de nuestro alojamiento y nos dirijimos hacia el corazón de toda la zona turística. A pesar de que era pronto cuando llegamos, la cola ya era enorme, y éso que chispeaba un poco (Afortunadamente, en la mochila llevaba dos paraguas plegables), por lo que optamos por ir hacia la zona de la Fontana de Trevi, una de las ilusiones que tenía mi hija. Guiándonos por un plano que nos habían dado en la recepción, y tras caminar un buen trecho por la orilla del Tíber y por la "Vía del Corso", llegamos finalmente a la plaza donde está esa famosa fuente.
Impresionante. No puedo decir otra cosa. El acceso a la plaza es por unas calles estrechas y poco luminosas, pero de repente te encuentras frente al majestuoso monumento, de mármol blanco, con magníficas figuras, a las que les da de pleno la luz solar (Está muy bien orientada), causando un impacto visual inenarrable. Mi hija se quedó extasiada, e inmediatamente fué a cumplir con el ritual de lanzar las monedas al agua, con la mano derecha y por encima del hombro izquierdo, como manda la tradición (Y así ha quedado reflejado en las fotos que hice, o al menos así lo espero, cuando las recoja). Tiró un montón de monedas, pues llevaba encargo de hacerlo por parte de muchas de sus amistades. Después, compramos una camiseta a mi hijo, en la tienda de Benetton que había en la misma plaza, comimos unas reciones de "Pizza al taglio" recién hecha en una de las callejuelas de la zona, tomamos un "capuccino" cada uno (Exquisitos y con mucha espuma, por cierto) y seguimos caminando por aquel entorno.
(Continuará)
14/04/2008
Roma, ciudad abierta, ciudad eterna. (2)
Lloviznaba un poco, lo que nos hacía abrir de vez en cuando los pequeños paraguas plegables que llevábamos, pero no por ello dejaba la gente de acudir a aquella zona tan emblemática de Roma. Había muchos puestos de venta de "souvenirs" diversos, entre los que me llamó la atención la gran cantidad de fotografías, de diversas escenas, de "Vacaciones en Roma", película entrañable protagonizada por Gregory Peck y Audrey Hepburn, así como de un viejo cómico, fallecido hace años, llamado "Totó", y que es considerada una figura legendaria de la cinematografía italiana.
Cuando salí de la plaza donde se encuentra la Fontana de Trevi, no pude sino recordar a mi madre, pues cuando hizo el viaje de bodas de plata, estuvo en Roma entre otros muchos sitios, y también cumplió con el rito de lanzar la moneda al agua de esa fuente. Años después, su nieta que nunca pudo conocer, y que tanto se parece a ella, repitió el mismo ritual, que espero haya salido bien plasmado en la foto que hice. (Tranquilos, que en cuanto estén reveladas ya os lo diré). Porque ésa es otra: No os podeis imaginar la cantidad de gente que se hacían fotos unos a otros. Yo me brindé a hacer una fotografía a una familia, para que salieran todos, pues siempre hay alguien que se queda trás la cámara. Y después ellos nos la hicieron a nosotros. Por cierto, que ahí daba yo una nota algo discordante, pues todo el mundo iba con cámaras digitales, mientras yo iba con mi vieja Canon, a la que iba cambiando los objetivos según me convenía. Curiosamente, como los monumentos eran tan grandes, me tocaba utilizar el gran angular, pues de lo contrario no me cabían enteros para hacer la foto...
También había algunos artistas callejeros, sobre todo los que imitaban estátuas, así como un par de figurantes, disfrazados de centuriones romanos, por si alguien deseaba fotografiarse con ellos.
Salimos de aquella zona y fuimos caminando por la "Vía del Corso", importante calle comercial, en la que había muchas tiendas de ropa, de buenas marcas, que mostraban lo último de moda, a unos precios alucinantes. Pero también había tiendas donde se vendían restos de temporada, o modelos del año pasado, a unos precios muy asequibles. Yo le compré a mi mujer un bolso de Prada, y para mi unas deportivas Da Vinci (Por cierto, comodísimas y muy ligeras), que mi hija se empeñó en que me comprara. Total, que sin quererlo, acabamos cargados de bolsas con diversas compras para algunos familiares y amigos.
Como seguía lloviendo, aunque no demasiado, la verdad es que no apetecía ir mucho tiempo andando por la calle, por lo que decidimos ir a nuestro alojamiento, a descansar un poco y esperar a ver si el tiempo mejoraba. Total, que nos quedamos "fritos" en la habitación, y cuando nos decidimos a salir de nuevo aún llovía más que antes. Decidimos ir a cenar cerca del B & B, y al lado mismo encontramos una pizzería-trattoría a precio razonable, donde cenamos ensalada, unos deliciosos "spagetti carbonara", escalopes en salsa de vino blanco, y de postre tiramisú y mascarpone, típicos dulces italianos de elaboración casera. Aunque chapurreaba bien el italiano, y me entendía bien con los camareros, éstos eran muy amables y simpáticos, por lo que pasamos una cena muy agradable.
Nos fuimos a dormir, poniendo el despertador para que sonara pronto, a fin de aprovechar bien el día siguiente, confiando en que el tiempo mejorase.
(Continuará)
16/04/2008
Roma, ciudad abierta, ciudad eterna. (3)
Se me olvidaba contar, como anécdotas simpáticas de la cena en la "trattoria" de al lado del B & B, las caras que ponía mi hija cada vez que le decían "signorina", así como la extraña obsesión que tenía el camarero por si le habían puesto poco queso parmesano en la pasta, que según mi hija estaba estupenda. Tras los postres, me invitaron a una copa (En Italia tampoco se sirve alcohol a menores), aceptando que me pusieran un "limoncello", especie de aguardiente con sabor a limón, que se sirve muy frío, en una especie de vasos como los de los chupitos, pero más largos y gruesos. Le dije a mi hija si quería mojarse los labios, por que supiera a qué sabe, y lo probó, pero en seguida me dijo:¡¡Papá!! ¡¡Pica mucho!!, partiéndome de risa al ver su cara...
Ya en el alojamiento, estuvimos viendo la televisión un rato, pero como estábamos tan rendidos de tanto caminar, y había que aprovechar el tiempo que, por culpa de la lluvia, no habíamos disfrutado, nos dormimos muy pronto. Por la mañana, nada más levantarme, miré por la ventana y me alegró ver que el cielo estaba algo más despejado, aunque se veía alguna nube. Al igual que el día antes, tras ducharme y arreglarme, desperté a Sherezade y me fuí a por la bebida caliente del desayuno, que también tomamos en la habitación, y salimos enseguida a continuar viendo Roma.
Consulté en un plano del Metro, y teníamos muy cerca una estación, que apenas quedaba a cinco de la del Coliseo, por lo que fuimos a coger ese medio de transporte y...¡¡Hay que ver lo brutos que son también los maquinistas del Metro de Roma!! Aquello daba unos tirones fortísimos al arrancar, y las frenadas eran de aúpa, por lo que salimos de allí muy aliviados cuando llegamos a la estación que nos tocaba.
El Coliseo, a pesar de su estado, es impresionante, e imagino que, hace dos mil años, cuando estaba en activo, debía imponer mucho su aspecto, teniendo en cuenta la época en que Roma era la capital del mundo. Hicimos algunas fotos, compramos unos pequeños recuerdos, y estuvimos paseando por aquella zona, llena de historia y de "piedras viejas", que quedaron para recuerdo de época pasada. Rodeamos todo el complejo del foro romano, pasamos junto al Arco de Constantino (En donde, por cierto, estaban montando unas tribunas para el acto de fin de campaña electoral de Berlusconi), descansamos un rato junto a lo que queda del Circo Máximo, donde mi hija se quedó boquiabierta al ver a dos "carabinieri" (Hombre y mujer), a caballo, con uniforme de gala. Y la verdad es que imponía verlos. Por cierto, que anduvimos un rato por lo que eran los restos de una calzada romana, con enormes piedras, que nos destrozaban los piés. Y yo imaginaba cómo lo debieron pasar las legiones romanas, caminando por aquella vía, cargados con la impedimenta, la coraza, el armamento, etc., desde allí hasta Hispania...
Antes de abandonar aquella zona y dirigirnos hacia el monumento a Victor Manuel, el rey unificador de Italia, tomamos unos "capuccinos" para reponer fuerzas, y en una platería artesana, en donde trabajaban a mano reproducciones de joyas romanas, le compré a mi hija una pulsera de plata, de ese dibujo llamado "greca", que le encantó. Como anécdota, cuando fueron a envolvérsela, mi hija prefirió llevarla puesta. Hice que le enseñara la muñeca donde lleva otras y le dije al platero: "Fa collezzione" (Hace colección), lo que le hizo poner una cara entre asombrada y divertida.
Pasamos por delante de la columna de Trajano y nos encaminamos de nuevo hacia la Vía del Corso, para dirigirnos otra vez a la Fontana de Trevi, pues Sherezade se había quedado prendada de aquel monumento. Como el tiempo había mejorado, aquello estaba mucho más lleno de gente que el día antes, por lo que el ambiente era impresionante. Compramos unas camisetas "souvenir" con motivos de Roma e Italia. Es decir, que de nuevo nos vimos cargados con bolsas de compra, por lo que decidimos posponer la visita al Vaticano para la mañana siguiente, a fin de ir más ligeros.
De allí, nos dirigimos hacia la zona del Castillo de Sant Ángelo, en donde también había unos artistas callejeros, de los que imitaban estátuas. Allí, en los puestos callejeros, compré a mi hijo un par de cinturones (Uno de Dolce & Gabanna y otro de Giorgi Armani). No sé si eran falsos u originales (Con alguna tara), pero os aseguro que la calidad era muy buena, y no se parecían en nada a esos pirateados que por aquí se encuentra entre los "manteros". Me habían dicho que en Roma se encontraban bastantes complementos de ropa originales, sobre todo bolsos y cinturones, muy baratos, por ser de restos de temporada, modelos anticuados o de los que "desaparecen" de los talleres clandestinos a los que los fabricantes entregan género para confeccionar. El caso es que mi hijo casi daba saltos mortales cuando se los dí, de regreso en casa.
Comimos en otra "trattoría", y no es que fuera mal sitio, pero echamos de menos el trato de la que había junto a nuestro alojamiento. éso sí, el local era de un diseño muy moderno, cuidado y todo muy limpio, con su mantel de tela adamascada, impecablemente blanco, y con la comida muy bien presentada. Yo pedí un plato de "pollo a la romana" (Que, por cierto, se parece mucho al que nosotros en España llamamos "al chilindrón"), mi hija unos "tortellini", y de postre unos "tartufos", el de Sherezade de chocolate "bianco" y el mío "nero".
Nuevamente agotados por la caminata, regresamos al B & B, y dejé a mi hija descansando en la habitación. Yo me fuí a la estación Términi, desde la que debíamos coger el autobús para el aeropuerto al día siguiente, a fin de cerciorarme bien del punto de salida, horario, etc. Detrás mismo de neustro alojamiento paraba un autobús que, en cinco paradas nos dejaba en Términi. Me aseguré bien de todo, y así no teníamos que perder tiempo en averiguar nada, máxime si tenemos en cuenta que, al día siguiente, íbamos cartgados con el equipaje. Y es que los taxis en Roma son carísimos.
De vuelta en la habitación, salimos a comprar algo para cenar, decubriendo en la misma calle un establecimiento de "pizza al taglio", donde compramos tres enormes trozos, de diversas calidades, y al lado había una heladería artesana, donde compramos una tarrina de medio litro, de helado de crema y de yogur, de lo cual dimos cuenta en nuestro alojamiento. Y es que comer siempre en restaurante sale muy caro en Italia, por lo que habíamos decidido alternar las formas de hacer las comidas principales, aunque sin pasar hambre.
Otra vez estuvimos viendo un rato la televisión, en la que se emitían series que ya conocíamos (Jag, Los Simpson, Andy McDowell, etc.), pero en italiano, por lo que me tocaba ir traduciendo a mi hija, que decía no se enteraba si hablaban demasiado deprisa. Nos pusimos también a preparar las maletas, dejando todo ya bien distribuido, sobre todo pensando en el peso, de cara a facturar la maleta en el avión, ya que lo que debíamos comprar en el Vaticano, al día siguiente, podía llevarlo mi hija en su bolsa de mano, ya que no pesaba.
Y nos dispusimos a pasar la última noche en la Ciudad Eterna...
(Continuará)
18/04/2008
Roma, ciudad abierta, ciudad eterna. (y 4)
Todo lo bueno se acaba, y éso es lo que ocurrió con nuestra estancia en Roma, aunque confieso que los dos echábamos de menos a la familia, así como el oir hablar a la gente en castellano (O en valenciano, que para algo en mi tierra tienen lengua vernácula), y de comer algo típico, como una buena paella, o una tortilla de patatas. No es que la pasta o la pizza que se comía en Roma fuera mala, al contrario, pero al final termina cansando un poco.
Nos volvimos a levantar pronto, aunque las maletas ya estaban casi terminadas de hacer, dejando hueco solamente para los pijamas y los útiles de aseo. Hablé con el dueño del B & B para que nos guardara las maletas, lo cual hizo gustosamente, quedando en volver a recogerlas a la 1 de la tarde. La idea era comer en la pizzería de al lado y de allí salir hacia la estación Términi en autobús, para desde allí coger el autocar que nos llevaría al aeropuerto, donde había que estar a las 5, y el avión salía a las 7. A las 9 de la noche, si no pasaba nada...¡¡De vuelta en Valencia!!
Salimos hacia el Vaticano, con la idea de visitar tranquilamente la Basílica, y si nos daba tiempo y no había gente, tal vez veríamos algún museo. También había que comprar los últimos "souvenirs" para familares, pero cosas pequeñas y ligeras, que Sherezade pudiera llevar en su bolsa de mano. Cuando llegamos al Vaticano no había demasiada gente, por lo que pudimos entrar en la Basílica sin demasiados problemas, una vez pasado el control de entrada. Aunque al poco rato empezó a llegar mucha gente, como en oleadas. Y yo pensaba que si, entre semana y temporada baja, aquello estaba así...¡¡En época de vacaciones debería dar miedo tanta muchedumbre!!
Y debo decir que aquello es impresionante. Por su tamaño, por los grandes monumentos y esculturas que contiene, por las enormes riquezas que allí relucen, a pesar de que la Iglesia, en teoría, está para ayudar a los más débiles...Pero fué muy poderosa durante siglos, sobre todo en épocas en que los Papas confundieron la espada con la cruz, como fué el caso de Julio II, que puso la primera piedra, para la actual basílica, hace quinientos años. Y toda esa historia se ve reflejada allí dentro.
Hicimos fotos, compramos algunos recuerdos (Como un rosario hecho con pétalos de rosa, para la abuela de mi mujer, o algunas medallitas que mi hija compró para sus amistades, y que imitaban antiguas monedas romanas). Y cuando se iba haciendo la hora, cogimos el tranvía de regreso a lo que había sido nuestro alojamiento, donde retiramos las maletas, nos despedimos del dueño (Que, por cierto, se negó a tomar propina, y nos dió una tarjeta suya, por si alguna vez volvíamos, para reservar con él directamente, y ahorrar pagos de comisión) y nos fuimos a comer. Ensalada, "tortellini" mi hija, pechuga de pollo a la plancha, con verduras, muy bien hecha y postres típicos ("Tartufo bianco" y "mascarpone"). Como la espera en el aeropuerto iba a ser larga, compramos unos bocadillos y una botella de agua en una tienda de alimentación próxima y fuimos a por el autobús, confiando en que, al ser la hora de comer, irían vacíos...Pero nos equivocamos, pues iba tan lleno como siempre. Afortunadamente, al vernos cargados, nos hicieron sitio para que pudiéramos acomodar el equipaje, sin molestar.
Una vez en la estación Términi, esperamos en la oficina de los autocares "Terravisión", que nos debían llevar al aeropuerto, y que contaba con una moderna cafetería, donde tomamos los últimos "capuccinos". Después, salimos hacia Ciampino, facturamos el equipaje y, allí, milagrosamente, encontré prensa española. Compré "El País" y una revista del corazón (Diez minutos), y no es que me gustaran esas publicaciones, pero nos supieron a gloria, tras varios días sin leer nada en castellano.
Antes de embarcar, en la tienda libre de impuestos, compré una enorme tableta de Toblerone, así como unas chocolatinas holandesas (Droste) que me encantan y que cuestan mucho de encontrar en España. También le compré a mi hija una curiosa caja de galletas, metálica y en forma de libro, con dibujos de hadas y flores en la tapa, de estilo muy romántico/modernista, y que ahora tiene en la cabecera de su cama. Ni los chocolates ni las galletas llegaron a viejos, cuando estuvimos de regreso en casa.
El viaje de regreso fué tranquilo, aunque los dos íbamos cargados de impaciencia por volver a ver a nuestra familia. En el aeropuerto, nada más bajar del avión, llamé a mi mujer para decírselo e inmediatamente cogimos un taxi. Cuando llegamos a nuestra calle, ella estaba esperando en el portal, para darnos besos y abrazos antes de subir a casa. Allí, mientras se terminaba de hacer la cena, hubo reparto de regalos y relatos de nuestra experiencia romana, que espero poder repetir alguna vez, con toda la familia, aunque mi mujer insiste en que no piensa subir a ningún avión. Ya encontraré alguna forma alternativa de viajar...
Hoy he recogido las fotos del viaje (2 carretes, y aún me queda medio por terminar, esperando hacerlo este fin de semana). Voy a intentar escanear las mejores este finde, y os mandaré algunas a aquellos de los que tengo el e-mail. Si alguien quiere que le envíe, no tiene más que darme el suyo, y lo haré con mucho gusto, estando encantado de que podais compartir conmigo tan preciosos deatlles y recuerdos.
Espero que os haya gustado la crónica de mi viaje, en varias entregas, pidiendo disculpas si ha sido muy largo, pero necesitaba tiempo y espacio para poder explicarlo todo bien.
Buen finde a todos/as. Nos vemos la semana que viene.
22/04/2008
Una rosa y...¿Un libro?
Ya sé que es una costumbre catalana, pero creo que ser ía una buena idea que se extendiera a otros sitios. Consiste en, el día de San Jorge (23 de Abril), que los hombres regalan a las mujeres una rosa. Y si hay suerte y el presente es correspondido, ellos reciben un libro.
Ya desde que éramos novios, le he hecho ese regalo a Pilar, aunque confieso que al principio lo hacía con algo de mala idea, pero no hacia ella. Me explico: Le llevaba la rosa a la tienda en que trabaja, y ella se la enseñaba a sus comnpañeras. Cuando acudían sus parejas, ellas los ponían "a caldo" con frases como: "Nunca te acuerdas" o "Nunca tienes un detalle", mientras yo me reía de las caras de ellos y el mosqueo de ellas, a la vez que Pilar también se reia...
Mañana ella entra en turno de mañana, por lo que se la llevaré a la tienda cuando vaya a buscarla a mediodía, aunque luego me toque salir "a escape libre" hacia mi trabajo. Pero me gusta ver la cara que hace cuando se la doy. Lo normal es que sea roja, símbolo de pasión, pero tal vez se la compre rosa, o de tono "champagne". Amarilla no, pues simboliza traición, o al menos éso dicen los textos que hablan del "lenguaje de las flores".
Es una curiosa manera de celebrar un particular "Día de los enamorados", aunque a nivel general éste se celebre en San Valentín. En la zona de Valencia también tenemos una particular celebración sobre ese tema, el 9 de Octubre (San Dionisio o Sant Donís), cuando los hombre regalan a sus parejas un pañuelo, lleno de dulces de mazapán, moldeados en forma de frutas, junto con unos pasteles especiales para esa ocasión, llamados "piuleta" y "tronaor", que no tienen traducción al castellano. Mi mujer dice que me podrá perdonar que me olvide de alguna fecha (Santo, cumpleaños, aniversario, etc.), pero no su pañuelo con dulces.
Pero como yo soy muy demócarta, le regalo por las tres fechas. A ver si hay suerte y también me toca un libro bueno este año, aunque siempre ocurre que mi hija esté al acecho para "devorarlo" en cuanto he terminado de leerlo.
Ya os contaré cómo fué el Día de la rosa.
25/04/2008
Seis meses ya
Bueno, aunque parezca mentira, hoy se cumplen seis meses desde que inauguré este blog, siguiendo las indicaciones y consejos de Su, nuestra entrañable autora de "La otra cara de Barbie", que me guió ante mi torpeza con el manejo del ordenador, y a la cual he seguido en su blog desde que lo montó, hace ya casi cuatro años.
Por no mentir, quise empezar un blog homónimo, hace algún tiempo, a través de la web literaria "Grupobuho.com", pero no me gustó la forma en que había que hacerlo, ni los comentarios que recibía, casi nulos y muy poco sinceros.
Debo decir que aquí he contactado con nuevas personas que me honran con su amistad, esperando que dure mucho tiempo y, de nuevo, doy la bienvenida a todo aquél que venga en son de paz.
Respecto a lo que indicaba en mi último post, sobre la Fiesta de la rosa, por San Jorge, debo indicar que se me correspondió con un libro, titulado "El juego del ángel", de Carlos Ruiz Zafón, autor también de "La sombra del viento", que me regalaron hace tiempo. Casi estuve a punto de enfadarme al ver el libro, pues tengo dicho en casa que me regalen libros en formato de rústica o bolsillo, pues tienen las mismas letras y son mucho más baratos que una primera edición. Pero al ver la cara de ilusión de mi mujer, pues sabe que el autor me encanta, no quise hacer reproche alguno. He empezado a leer el libro y es muy interesante y "enganchoso" en su lectura. No os cuento nada para no fastidiaros la sorpesa del argumento, si os decidís a comprarlo y/o leerlo.
Y hablando de libros, me gustaría saber si habeis leido "Quattrocento" de Susana Fortes, pues me han dicho que está muy bien.
Ya me contareis. Buen finde a todos/as. Nos vemos la semana que viene.
29/04/2008
Cultura...¿Artículo de lujo?
El sábado pasado me fuí a echar un vistazo a la Feria del Libro que se está celebrando en Valencia, y debo decir que terminé muy decepcionado por varios motivos.
De entrada, apenas había casetas de editoriales, pues casi todo eran de librerías, por lo que se veían muchos libros repetidos, aunque los precios eran siempre los mismos (Si bien se anunciaba un 10 % de descuento por la Feria), y no tenían nada de baratos. Además, yo preguntaba por obras concretas y me sacaban libros en tapa dura; cuando preguntaba por esa misma obra en versión rústica o de bolsillo, me salían con evasivas y que, si la quería, que fuera por la tienda. Éso sí, me daban amablemente una tarjeta, para que supiera la dirección a la que ir.
Ya sé que todos van a su negocio, pero los libros se han puesto muy caros, y deben comprender que con el mismo presupuesto, si son en rústica o bolsillo, se pueden vender más libros. Pero para la Feria preferían sacar las versiones caras, por aquello de que, con menos ventas, más beneficio. Y luego dirán que el negocio va mal...
Y es que los libros se han puesto muy caros. Parece mentira que, con tanto que se invierte por parte de la Administración, en eventos diversos, no se subvencionen adecuadamente las ediciones para que los libros sean más baratos. Y es que un libro es un gran transmisor de cultura. ¿O es que los gobernantes prefieren una masa de gente inculta, por ser más fácil de manejar y manipular? Siempre me he hecho esa pregunta...
Por cierto, autorespondiéndome a la pregunta que hacía en mi último post, la obra "Quattrocento" de Susana Fortes se quedaba, a precio de Feria, en 18 €. Es muy reciente y todavía no se ha encuadernado en versión rústica, al menos así me lo dijeron. Será cuestión de esperar e ir leyendo otros títulos más asequibles.
