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Azahar y salitre

Mi maestra de primeras letras.

Estos días, cuando paso delante del colegio de mi barriada, y lo veo tranquilo y silencioso, me invade de nuevo la nostalgia, al recordar los lejanísimos tiempos de mis primeras letras, y de la maestra que me los enseñó, Dª Lucrecia, una alcarreña que llevaba años viviendo en Valencia. Solía decir que había estudiado para maestra por vocación y por tradición, pues su madre también había ejercido el mismo oficio.

Regentaba un curioso establecimiento escolar, mitad parvulario, mitad academia, en el que pasé cuatro años de mi vida, desde los 4 a los 8, y de allí salí para completar mis estudios en los Maristas, donde estuve hasta los 14. después vinieron los años de instituto, donde completé el Bachillerato, pero ésa es otra historia...

Allí, durante el día, estudiábamos niños y niñas de varios niveles, en horario escolar convencional. Y por la tarde/noche, daba clases de repaso a alumnos de la barriada, por un precio módico, pues nunca le gustó demasiado hacer negocio con la enseñanza elemental. De hecho, durante un par de cursos de Bachillerato Elemental, acudí a ella para que me ayudase con algunas asignaturas que se me "atascaban", logrando superarlas finalmente con buena nota.

Volviendo a esa mujer, diré de ella que la recuerdo muy a menudo, por su infinita paciencia, al tiempo que un carácter recto, pero que sabía ser cariñosa o severa según lo requería la ocasión. Nunca le ponía la mano encima a nadie, aunque en aquella época era habitual que algún profesor o profesora tirase algún capón o sopapo a un alumno revoltoso. Decía que la disciplina física, si quería ejercerla alguien,  era cosa de los padres, pero que ella detestaba la violencia.

En aquellos años, la enseñanza no estaba programada como ahora, pues existía la primaria, el Bachillerato (Elemental y Superior) y cuando se terminaba de estudiar, se optaba por el trabajo o por estudios superiores. Se solía salir bastante bien preparado de los colegios, donde aparte de aprender las materias básicas (Lengua, Literatura, Aritmética, Geografía, etc.), también se solían enseñar algunos valores morales o humanos que, hoy en día, apenas se dan entre la gente.

No sé lo que habrá sido de su vida, es más, ni siquiera sé si aún vive, pues su centro de eseñanza cerró hace años, en parte por haber quedado muy anticuado de instalaciones, en parte porque imagino que se jubilaría. En tiempos, solía visitarla de vez en cuando en aquella curiosa escuela, hasta que me enteré de su cierre.

El colegio despareció, pero lo vivido allí dentro siempre estará en mi recuerdo.

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3 comentarios

acoolgirl -

Claro que si, esos recuerdos se quedaran contigo siempre... y todo lo que aprendiste gracias a ella tambien.

Yo tengo muchos profesores que han marcado mi vida y es un placer encontrarmelos y hablar un rato...

Un besazooo
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susana -

Un buen profesor con vocación es algo impagable. Como en todas las profesiones, hay quien se limita a trabajar y quien realmente hace algo por los demás. Un beso.

Pikifiore -

Tu doña lucrecia me ha recordado muchisimo a mi madame Marie,la mujer que me enseñó francés.Nos enseñaba la gramática en una pequeña academia y la recuerdo perfectamente...Ayss,pues a mi las monjas si me dieron algun tiron de orejas...MUAK
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