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Azahar y salitre

Felicidad y nostalgia.

El dueño de la cadena de floristerías a la que le hago reparto, tiene contratados a varios extranjeros, y reconozco que todos ellos son muy buenos profesionales a la hora de elaborar un ramo, un centro o una corona (Si yo lo intentara, el desastre estaba asegurado). Uno de ellos es una chica, ya treintañera, muy agradable y que yo creía rumana o búlgara, pues por la zona de Valencia hay bastantes inmigrantes de esas nacionalidades, pero no. Me dijo la mujer de mi jefe que era de Hungría, y éso me trajo a la memoria muy gratos recuerdos de juventud.

Os cuento: Hace muchos años, cuando no existía Internet, era bastante habitual entre la gente joven el cartearse con personas del extranjero, para practicar idiomas o compartir ideas, cultura y opiniones. Cuando yo tenía 17 años, más o menos, establecí contacto con una chica húngara de mi edad, que estudiaba (Y hablaba perfectamente) francés, español y ruso. Con ella fuí compartiendo muchas impresiones y aficiones, siempre por correspondencia, hasta que dos años después me invitó a pasar unos días en su casa, en Budapest.

En aquella época, existían dos Europas claramente diferenciadas, que se vigilaban mútuamente de reojo, y eran la del Este y la del Oeste; pero a pesar de ello, de la distancia y de los múltiles papeleos que hubo que hacer, me decidí a viajar hasta allí, pasando los días más felices de uno de los veranos más intensos de mi juventud. Y es que, con 19 años, cuando el mundo empieza a mostrarse a los ojos de la adolescencia, todo aquello me impactó hasta lo más profundo... Si quereis, puedo ir haciendo un relato de aquel viaje, por capítulos, y lo voy publicando aquí.

Por éso, cuando tuve ocasión de coincidir con esa florista húngara, que se llama Kinga, cuando me saludó al entrar en la tienda, le respondí con un "Servusz" que quiere decir "Hola" en húngaro. Y puso unos ojos como platos, pues creo que es lo último que se esperaba oir. Le conté, a grandes rasgos, lo de mi estancia en Budapest, le pregunté por lugares y establecimientos de allí, y le iba diciendo algunas cosas en húngaro, que no es que aprendiera mucho en quince días, pero a Kinga le iban brillando los ojos cuando se las pronunciaba. Llegó a decirme:"Eres increible. ¿Cómo es posible que recuerdes todo éso, después de tantos años?"

Y es que aquellos días tan felices que pasé allí, me calaron hasta lo más profundo de mi alma.  Reconozco que, más de una vez, intento recordar todos los momentos de felicidad que he tenido en mi vida, como queriendo volver a saborear esa sensación, pero por desgracia el tiempo nunca concede dar marcha atrás...

Un íntimo amigo mío, al que conocí cuando estudiaba Primaria en los Maristas, cada vez que intento rememorar anécdotas de aquella etapa escolar, me suele decir: "Eres muy nostálgico" . Y la verdad es que tiene mucha razón, pero no puedo remediarlo. Hay quien dice que es malo vivir de los recuerdos, o de ampararse en momentos de gloria que ya quedaron en el pasado, que lo que importa es el presente y tener visión de futuro, pero yo creo que los recuerdos, si son felices, merecen la pena ser guardados en el fondo de la memoria, aunque a veces, queriendo recordar algo grato, suframos algún ataque de los fantasmas del pasado...

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5 comentarios

Ezne -

Creo que nadie estamos a salvo de los ataque nostalgicos, son bonitos, pero después, vuelves al presente y te das cuenta que aún vas a seguir coleccionando muchos más recuerdos!

Besotes

Fer -

¡Jo, Hungría!
Con lo que me gustó Budapest, no me extraña que te chocara hacer ese viaje en la época de las dos Europas.
Sobre el idioma, yo apenas aprendí alguna palabra: "palota", "bejarad" y poco más.
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Pikifiore -

Yo tambien soy muy nostágica,quizá demasiado,el problema es que a veces me dejo ahogar por esos recuerdos,que me vienen en forma de postal, canción o cualquier otra circunstancia.Un beso

Artabria -

Pues a mi me gustaría tener más recuerdos......tengo buena memoria, pero siempre hay veces que quiero recordar algo y me cuesta......

Igual no es mala idea volver a la costumbre del diario......pero ahora ya tenemos el blog que hace un poco esa función (aunque de manera más fría......)

hadex -

Humm....opino que la nostalgia, en su justa medida, es sana....Nos ayuda a mejorar o a no errar.


Bicosss
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