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Azahar y salitre

Doloroso recuerdo

No lo puedo remediar, pero cada vez que llega en 11 de Febrero no puedo sino recordar un triste suceso familiar, pues tal día como ése falleció mi madre, a los 54 años, de una hemorragia cerebral. Ya sé que han pasado muchos años, pero para mi, a veces, es como si todo hubiera ocurrido ayer mismo.

Recuerdo aquellos días como una pesadilla, aunque por desgracia todo fué real. Su ingreso en una clínica, tras sufrir el ataque cerebral en casa, una semana en coma, esperando inutilmente que despertara, manteniendo una ligera esperanza mientras todavía quedara un hilo de vida...

Tras el fatal desenlace, el entierro, con unas enormes ganas de que todo terminase, roto por el dolor, acompañado por S*** (La novia que tenía entonces), que permaneció junto a mi en aquellos momentos, aunque creo que es lo único que le podré agradecer en esta vida. Y después, en casa, el sentir su ausencia, el saber que nunca volvería a verla, ni a sentir sus risas, mientras me dolían los ojos de tantas lágrimas como derramé por ella. Y es que estábamos muy unidos. En casa éramos todo hombres (Mi padre y mis dos hermanos, aparte de mi, claro), pero ella era mi confidente en una época en que ya había sufrido bastante en lo sentimental. Y se fué cuando parecía que, por fin, encontraba una cierta estabilidad en lo amoroso.

Han pasado los años, y he fundado mi propia familia, lamentando el que mi madre nunca haya podido conocer a mis hijos, de los que estaría muy orgullosa como abuela. Mi hijo, se llama como mi abuelo materno, al que nunca pude conocer (Falleció nueve años antes de nacer yo), y del que mi madre decía que había heredado mucho de su carácter. Y mi hija, que es el vivo retrato de su abuela, cuando tenía su edad. No hace mucho, saqué de entre sus recuerdos un "caftan" árabe, negro, con botones y bordados en hilo de oro, y mi hija se lo puso, por ver cómo le quedaba. Un gran escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a bajo, pues creí ver de nuevo a mi madre delante mío. Le pedí que se lo quitara y volví a guardarlo, mientras de nuevo una enorme emoción me invadía.

Os ruego me perdoneis hoy, pero me domina una inmensa nostalgia...

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6 comentarios

Luna -

Me paso otra vez con un comentario más alegre. Hoy es 14 de febrero, y sé que para Pilar y para ti es un día muy especial... MUCHAS FELICIDADES A LOS DOS!!!

Un besote

Pikifiore -

Jolin Manuel,no sé qué decir,se me ha puesto la carne de gallina con lo que has contado.Es duro perder a una madre, por muchos años que pasen,pero ella continúa viva en tu corazón y en tus recuerdos.Un besote

Alba -

Yo me pongo fatal cada 14 de abril de cada año desde hace ya unos cuantos.

No sé que podría decirte porque sé lo que se siente, sin embargo, la belleza de la vida está en recordar a quienes amamos aún después de no estar aqui, porque permanecer en el corazón de alguien es una muestra de la grandeza de los sentimientos.

Ella siempre estará ahí, contigo, con tus hijos, siempre.

Un besote y un abrazo
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Luna -

En mi familia ha habido demasiadas muertes, la mayor parte de ellas con tintes bastante dramáticos y, sin embargo, la que más me duele es la de mi abuelo. Fueron unos días tranquilos, él se había quedado dormido. Era Navidad y yo me pasaba las tardes en la residencia, al lado de su cama hablándole, aunque estaba en coma. En esos días yo estaba "bien", aunque la gente que entraba en la habitación sentía más pena por mí que por él. Sigo recordándolo y no puedo evitar las lágrimas, su sonrisa picarona, sus manitas arrugadas, sus abrazos que ya eran flojos... Y sobre todo como cuando justo antes de caer en coma, sólo abría los ojos cuando escuchaba mi voz. Le adoré en vida y le sigo adorando, por eso sé que mientras yo viva él nunca va a morir.

Un beso

susana -

Hay heridas que nunca se curan...Pero me gusta el comentario anterior. Tu madre sigue con vosotros para siempre. Un beso.

prmt -

Sin quererlo, con esa anécdota que has contado, has dado en el clavo justo de la inmortalidad del ser humano. En ti, en tu hija, en tus nietos, etc... vivirán por siempre los que antes de nosotros nos engendraron en infinitas uniones. Tal vez sea una visión un tanto frívola del tema pero real como la vida misma. Los recuerdos nos duelen al hacerlos presentes, así que solo puedo enviarte un fuerte abrazo y desear que en estos momentos de nostalgia comprendas lo orgullosa que estaría tu madre del fruto al que ha dado lugar su semilla.
Un fuerte abrazo amigo.
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