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Azahar y salitre

Hecho polvo, pero entretenido y satisfecho.

Siempre me han gustado los libros, así como guardar pequeños objetos que tienen su pequeña historia, y que a veces nos puedan parecer un trasto inútil, pero que para nosotros es como si fuera un pequeño tesoro, pues nos recuerda un momento vivido que jamás volverá, dado que el tiempo jamás retrocede, salvo en nuestra imaginación. Siempre he dicho que lo más valioso que hay es el tiempo, pues con todo el oro del mundo no se podría lograr que retrocediera ni un segundo...

El caso es que teníamos un armario lleno de libros, muchos de ellos guardados en cajas, así como otros objetos: Cintas de video, cassetes, carpetas con documentos ya desfasados, cajas con fotografías de muchas épocas y otros cachivaches por el estilo. Tras mucho hablarlo, al final decidimos poner unas estanterías en su interior, para sí poder disponer de los libros que nos pudieran hacer falta (Más que nada pensando en los niños (?), que ahora suelen consultar bastantes cosas, aparte de que a mi hija y a mi nos encanta leer), y de paso hacer algo de limpieza y deshacernos de cosas que, finalmente, hemos considerado de total inutilidad.

Lo que parecía una empresa fácil, nos ha llevado prácticamente dos días, incluyendo el ir a comprar los materiales, tras tomar las medidas pertinentes. Pero claro, después había que moverse dentro del armario, cuyas paredes, que parecían perfectamente verticales, eran un compendio de total irregularidad en su trazado.

Mi hijo y yo fuimos a unos grandes almacenes, especializados en bricolage para toda la casa, y compramos unas tablas de pino macizo que estaban de oferta, bien pulidas y acabadas. Además, como llevaba las medidas que había tomado, me las recortaron sin cargo al tamaño que deseaba, sin cargo, y me llevé los trozos que sobraron, pues alguna utilidad les podré dar.

Una vez en casa, empezó la odisea: De entrada, estaban muy justas y apenas se las podía acoplar, por lo que me tocó ir a una carpintaría en mi barrio, en donde me las ajustaron de tamaño; eso sí, pagando por los cortes. Después, para terminar de retocarlas por mi cuenta (Las esquinas había que redondearlas, así como rebajar un poco algunos bordes) utilicé una sierra de calar eléctrica que tengo, pero el pino macizo, sobre todo cuando tiene nudos, es algo muy duro de cortar, por lo que casi sudaba tinta china cuando estaba en la faena. Total, que me tocó ir a la ferretería que hay al lado de casa y comprar unas hojas especiales para madera dura...

¡¡MIlagro!! ¡¡La madera se dejaba trabajar!! Me daba la impresión de que estaba cortando mantequilla, tal era la suavidad con que ahora corría la hoja. Pero aún quedaba lo más complicado: Colocar las baldas en el interior del armario, de tal forma que quedaran niveladas, para lo cual sí que necesitaba ayuda, que fuera moviendo las tablas poco a poco, mientras verificaba su horizontalidad con el nivel. Lo que menos costó después, una vez marcadas las posiciones, fué hacer los agujeros, poner los tacos y montar las escuadras de soporte, pues inmediatamente se instalaron las tablas y...¡¡Listo el armario!!

Y después...¡¡La faena de ir vaciando cajas, e ir dando destino a sus contenidos!! Había que ir haciendo todo aquello sin prisa, pero sin pausa, aunque con tanto ir cogiendo cosas de una caja en el suelo, ponerlo encima de la mesa, e ir llevándolo al armario, finalmente no sabía si mi espalda era mía o del vecino del tercero. Pillé una sudada de aquí te espero, que cuando se enfrió, tras descanasar un rato y cenar, se tradujo en unos dolores musculares que apenas me dejaban levantarme de la silla. Total que me acosté, todo dolorido y con una sensación de frío en la cama muy desagradable. Menos mal que me dormí pronto.

Y hoy, toda la mañana completando la faena de ir guardando y/o tirando cosas, algunas de las cuales he tenido que echar a la basura con cierta pena, pero consciente de que ya no me iban a ser de utilidad. Cuando, después de comer, he visto toda la obra que habíamos hecho, casi no me lo creía. Lo malo va a ser ahora aprender la nueva organización del armario, que ha quedado impecable. Haciendo números, los materiales me han costado un total de unos 60 € aproximadamente. ¿Os imaginais lo que me habría costado si me lo hubieran tenido que hacer? Es cierto que no tengo en cuenta lo que pudiera valer mi tiempo, pero la satisfacción de un trabajo casero hecho por mi mismo y que ha quedado bien es impagable...

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4 comentarios

Fer -

Felicidades por la bricofaena, la verdad es que en mi casa también se acumulan muchísimos libros y hay veces que no sabemos qué hacer con tantos.
Eso sí, yo hubiese ido al Ikea y me hubiese comprado la estantería Föngstrum, más que nada porque mi habilidad con las herramientas es nula.

Pikifiore -

Te felicito!.En mi casa hubieramos terminado haciendo añicos el armario,buenos somos...jaaja
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susana -

Eres una joya. A mí también me gusta guardarlo todo hasta que llega el momento en que no cabe en los armarios, y no queda más remedio que hacer limpieza. Un beso.

acoolgirl -

A mí me gusta mucho hacer estas cosas también y verlo y decir "lo he hecho yo"... qué gusto da, eh???

Como dices, el tiempo no lo cuentas, pero al menos te entretienes y haces cosas útiles.

Un besitooo
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