Blogia

Azahar y salitre

Vivir para ver.

Este pasado fin de semana, me fuí con Pilar y con mi hija a Oropesa (Castellón), a huir un poco del calor urbano, y de paso respirar algo de aire marino, ver a mi hijo y a mi suegra y descansar un poco, que falta nos hacía...

Por la mañana, me fuí paseando hacia el pueblo, a comprar la prensa y algo de pan, y al regresar hacia la playa ví una estampa, que me puso los pelos de punta, pues creía que cierta fauna ya había desaparecido, a causa de la evolución social, pero ya se sabe...¡¡España es diferente!!

Os juro que, si llego a tener en la mano mi cámara o una filmadora, hubiera captado aquellas imágenes y las habría guardado para la Historia, por su pintoresco tipismo: Una familia que iba hacia la playa. Hasta aquí, podría parecer normal, pero la forma en que lo hacían era alucinante:

Un matrimonio, de edad indefinida, aunque no muy mayores, con sus dos hijos, marchaba llevando el aramazón de un carrito de compra (De ésos que las amas de casa usan para ir al súper), y sobre él habían colocado una nevera portátil, sobre la que apilaban la sombrilla (Plegada), las sillas y, coronando todo, un radiocassette portátil, estéreo, en el que sonaba una música pachanguera, que recordaba a Los Chunguitos o algo similar...

Os doy mi palabra que todo mi cuerpo se estremeció ante aquel espectáculo, mientras pensaba: "¿No se da cuenta esa gente del espectáculo tan denigrante, para una nación que dice quiere progresar, que está dando?"

Aunque después, para mis adentros, me permití opinar: "La España profunda también tiene derecho a ir a la playa".

Calor, calor, calor.

En esta época del año, suelo envidiar a quienes vivís en zonas frías, pues lo que es en la zona de Levante, hace un calor inaguantable, por lo húmedo y pegajoso que llega  a ser...

Hay veces, por las mañanas, tras ducharme y afeitarme, que en cuanto he acabado de vestirme, ya me noto sudoroso con la ropa recién puesta, lo cual es una sensación muy desagradable. Después, en el coche, con la ventanilla abierta y el aire entrando, la sensación se suaviza un poco. El resto del día, mientras estoy en mi oficina de ventas, o en el salón de casa, con el aire acondicionado puesto, me olvido un poco de la que cae por la calle.

Este finde será corto, pus mi mujer trabaja de tardes, y hasta que no salga, a las 10 de la noche, no nos iremos a Oropesa, a ver si a la orilla del mar nos refrescamos un poco; y el domingo por la noche, de vuelta a casa. Y al otro fin de semana, habrá que hacer una pequeña mudanza, pues mi suegra alquila el apartamento durante la segunda quincena de Julio.

Y la semana que viene he de llevar el coche a que me arreglen un golpe que me dieron el pasado 18 de Junio. Ya está claro todo en el seguro, pero solamente me dan un coche de sustitución por siete días, de manera que, si se complica la reparación, ya veremos cómo me las apaño, pues mi oficina está a 20 km. de Valencia, en un punto donde la parada de trasporte público más cercana está casi a 3 km. He dicho en el seguro que, en ese caso, me alquilaría un coche, pero que se pase el cargo a la compañía contraria, pues ese transtrono es, al fin y al cabo, un perjuicio que alguien debe pagar. Ya veremos lo que pasa.

Nos vemos en unos días.

Mi maestra de primeras letras.

Estos días, cuando paso delante del colegio de mi barriada, y lo veo tranquilo y silencioso, me invade de nuevo la nostalgia, al recordar los lejanísimos tiempos de mis primeras letras, y de la maestra que me los enseñó, Dª Lucrecia, una alcarreña que llevaba años viviendo en Valencia. Solía decir que había estudiado para maestra por vocación y por tradición, pues su madre también había ejercido el mismo oficio.

Regentaba un curioso establecimiento escolar, mitad parvulario, mitad academia, en el que pasé cuatro años de mi vida, desde los 4 a los 8, y de allí salí para completar mis estudios en los Maristas, donde estuve hasta los 14. después vinieron los años de instituto, donde completé el Bachillerato, pero ésa es otra historia...

Allí, durante el día, estudiábamos niños y niñas de varios niveles, en horario escolar convencional. Y por la tarde/noche, daba clases de repaso a alumnos de la barriada, por un precio módico, pues nunca le gustó demasiado hacer negocio con la enseñanza elemental. De hecho, durante un par de cursos de Bachillerato Elemental, acudí a ella para que me ayudase con algunas asignaturas que se me "atascaban", logrando superarlas finalmente con buena nota.

Volviendo a esa mujer, diré de ella que la recuerdo muy a menudo, por su infinita paciencia, al tiempo que un carácter recto, pero que sabía ser cariñosa o severa según lo requería la ocasión. Nunca le ponía la mano encima a nadie, aunque en aquella época era habitual que algún profesor o profesora tirase algún capón o sopapo a un alumno revoltoso. Decía que la disciplina física, si quería ejercerla alguien,  era cosa de los padres, pero que ella detestaba la violencia.

En aquellos años, la enseñanza no estaba programada como ahora, pues existía la primaria, el Bachillerato (Elemental y Superior) y cuando se terminaba de estudiar, se optaba por el trabajo o por estudios superiores. Se solía salir bastante bien preparado de los colegios, donde aparte de aprender las materias básicas (Lengua, Literatura, Aritmética, Geografía, etc.), también se solían enseñar algunos valores morales o humanos que, hoy en día, apenas se dan entre la gente.

No sé lo que habrá sido de su vida, es más, ni siquiera sé si aún vive, pues su centro de eseñanza cerró hace años, en parte por haber quedado muy anticuado de instalaciones, en parte porque imagino que se jubilaría. En tiempos, solía visitarla de vez en cuando en aquella curiosa escuela, hasta que me enteré de su cierre.

El colegio despareció, pero lo vivido allí dentro siempre estará en mi recuerdo.

Vacaciones...Para algunos.

Me alegro sinceramente por quien pueda disfrutarlas, a pesar de los negros tiempos de crisis a los que nos enfrentamos ahora. Curiosamente, las agencias de viajes van como locas con promociones, descuentos, ofertas de pago a plazos, etc. Todo con tal de salvar el negocio en una época en que a todos nos apetece descansar del trabajo y los calores, si bien el bolsillo se encoge asustado ante los precios. Me hace gracia que, sobre todo en las plazas de costa, la gente se gaste en quince días lo que ha ido ahorrando a lo largo del año, mientras que en esos pueblos costeros quieren trabajar tres meses y vivir de rentas los otros nueve...

Este año, como hace poco que he empezado a trabajar en la empresa donde intento vender pisos, no sé ni cómo ni cuando las tendré. Ya se portaron bastante bien dejándome irme tres días a Roma con mi hija, en Abril, nadac más empezar a trabajar con ellos, para disfrutar de un premio. Y además, este año ya he gastado bastante con mis hijos, en su viaje a París, de manera que el presupuesto no llega para más. He preferido sacrificarme y que disfruten ellos, ahora que pueden. Por otra parte, a mi mujer, las vacaciones de verano le han tocado en la segunda quincena de Junio, por lo que poco vamos a disfrutar de playa.

Mi hijo se va este domingo a Oropesa, con su abuela materna, a pasar allí parte del verano. Mi hija, como se ha dejado unas cuantas para Septiembre, con toda la idea, para poder centrarse y sacar nota media alta, en principio se queda en Valencia, y se irá a Oropesa con nosotros los fines de semana, pues si se va con su herano, sabe que allí no estudiará ni se podrá concentrar.

Y yo voy a empezar a ahorrar para ese pequeño crucero que Pilar y yo tenemos ilusión de hacer dentro de tres años, cuando celebremos las Bodas de Plata. Aunque con la inflación que tenemos ahora, y debiendo comer, vestir, pagar gastos diversos, etc, la cosa no pinta nada fácil...

Buen finde a todas/os. Nos vemos la semana que viene.

Noche de San Juan.

Ayer se fueron mis hijos, con un grupo de compañeros del Instituto, a la playa de La Malvarrosa, en Valencia, a festejar la Noche de San Juan, y de paso el fin de curso. Otra vez me doy cuenta de lo rápido que han crecido, y de cómo ha pasado el tiempo de rápido, sin que nos hayamos dado cuenta. Siempre nos hubiera gustado que no crecieran, pero la rueda de la Vida gira inexorable...

Hace años, cuando Pilar y yo no teníamos hijos, solíamos ir a festejar esa mágica noche, no faltando el mojarnos los pies a la orilla del mar, dejando que las olas los acariciaran siete vecxes, mientras pedíamos algún deseo. Ahora, las cosas han cambiado, y ya no nos apetece salir tanto a los lugares donde se espera una gran asistencia. ¿Será que nos hacemos viejos?

Ya le preparé a mi hijo un horario y recorrido de autobuses a esa playa, y les dije que no volvieran muy tarde, y que se llevaran los móviles siempre conectados, por si pasaba algo y tenía que ir a buscarlos. Afortunadamente, no hubo problemas. Yo me acosté algo tarde, pero no habían vuelto, pues el último autobús salía a las 3 de la mañana. Yo no soy muy dormidor, pero me levanto cada día a las 7:30 para ir a trabajar, de manera que fué Pilar la que se quedó de guardia hasta que llegaron. Hay que decir que está de vacaciones hasta el lunes, pues de lo contrario me habría quedado yo a esperar.

Esta mañana, cuando he ido a encender el calentador para ducharme, en la galería de casa, delante de la lavadora había un montón de ropa sucia, llena de arena y con un pestazo a humo alucinante. Imaginé: "Se lo han debido de pasar de miedo." Me alegro por ellos. Y con el fin de ir ahorrando faena a mi mujer, he cargado la lavadora con la ropa para que se fuera lavando. Cuando he vuelto a mediodía me ha dicho: ¿Pusiste suavizante? Sí, le respondí.

Y es que me ha dicho que ha tenido que volver a lavar de nuevo la ropa, pues aún seguía oliendo a humo...

Y ya estamos en verano, que empieza caluroso.

Aniversario de boda

El tiempo pasa muy rápido, tanto es así que se nos suelen quedar muchas cosas por el camino, pero los recuerdos siempre permanecen, y aunque parece que fué ayer, este domingo 22 de Junio se cumple un nuevo aniversario de mi boda. Ya conté en otro post que ese día eran elecciones generales, y a Pilar le gastaron la broma de llevarla a votar vestida de novia, saliendo en la TV nacional y en la valenciana, pero ésa no es sino una de tantas anécdotas de ese día.

Recuerdo que hacía mucho calor, y que en casa estaban todos con los nervios desbocados, excepto yo. Me casé con un traje a rayas gris claro, que todavía conservo (Otra cosa es que me venga, pero no quiero ni intentar el probármelo), lo cual causó cierta sorpresa en mi familia, ya que lo normal siempre ha sido casarse de oscuro. Y como manda la tradición, el vestido de la novia se mantuvo en total secreto hasta el mismo día de la boda, por aquello de la mala suerte.

Una de tantas anécdotas, ésta muy entrañable, fué que no se lanzó el ramo de la novia a las solteras. En lugar de éso, de mútuo acuerdo, lo llevamos al cementerio, para dejarlo en el nicho en que está enterrada mi madre...

La tarta de boda la cortamos con el sable de capitán de Sanidad del abuelo de Pilar, fallecido años atrás. Se me había ocurrido a mi la idea, recordando un acto similar en un enlace al que asistí en Madrid, celebrado en el Casino Militar. Lógicamente, la abuela de mi mujer estaba muy contenta y emocionada. Y fuimos nosotros los que inauguramos la costumbre, que se ha seguido después en la familia de Pilar, de  cortar la tarta con el sable en las bodas que han habido posteriormente. Por cierto, que con lo estrecha que es la hoja, hubo que hacer malabarismos para sostener en el aire un trozo de la tarta, comiéndolo a medias.

Después del banquete de bodas, fuimos a tomar una copa, los parientes y amigos de nuestra edad, a un pub musical, propiedad de un viejo amiguete, que también había estado en la comida, donde estuvimos hasta bien tarde. Aunque habíamos dicho que la noche de bodas la pasaríamos en un hotel, cuyo nombre no quise decir, la verdad es que nos fuimos a casa. Y cuando nos quitamos la ropa, salía arroz de todas partes, incluso de las prendas interiores, pues nos echaron un montón al salir de la iglesia.

Atrás quedaron viejas historias de amores no correspondidos, y tres años de noviazgo, comenzando una nueva vida que se va acercando poco a poco a las Bodas de Plata, en que me gustaría hacer un crucero con mi mujer, para celebrarlas, si la salud y el bolsillo lo permiten...

El viaje de novios fué muy original, y que conste que fué idea de Pilar: Viajamos por media España y entramos un par de veces en Portugal, en el Renault 4 que tenía entonces, a nuestro aire y durmiendo...¡¡De camping!! Yo ya lo había practicado anteriormente, pero mi mujer era novata en el tema, tanto es así que, al día siguiente de la boda, estuvimos comprando algunos cacharros que hacían falta, su saco de dormir y una colchoneta hinchable de dos plazas.

Y debo reconocer que lo pasamos muy bien, recordando todo aquello, como si hubiera sido ayer mismo, cuando pasamos las hojas del álbum de fotos en donde están guardadas las que hicimos en ese viaje.

Buen finde a todas/os. Nos vemos la semana que viene.

Con los antiguos compañeros/as.

Pues sí, este pasado finde tuve una comida-reencuentro con los antiguos compañeros/as de estudios, con los que compartí cinco años de mi vida, cursando mis estudios de Filología, aunque de éso hace ya muuuuuuuucho tiempo. Curiosamente, soy de los pocos que después no ejercieron el título. A decir verdad, ni siquiera me molesté en sacarlo, pues no llevaba idea de ejercer de profesor, que era casi la única salida que había entonces para esa carrera. Hoy en día ya sé que se pueden hacer más cosas, pero esa oportunidad llegó tarde para mi.

El ambiente era alegre, aunque nostálgico a la vez, sobre todo a la hora de citar anécdotas de entonces, o cuando hablábamos de algunos compañeros que ya nunca podrán venir a estas esporádicas reuniones...                  

Yo eché de menos a mi "asignatura pendiente", de la que he hablado alguna vez. Tenía unos compromisos familiares ineludibles que coincidían en fecha con la comida, por lo que...¡¡Otra vez será!!

La comida se montó un poco sobre la marcha, para aprovechar que bastantes compañeros acudían a una especie de asamblea o congresillo de profesores de francés, pues hubo una gran diáspora al terminar la carrera, y todos están algo desperdigados, por lo que siempre es motivo de gran alegría este tipo de reencuentro.

Y por unos instantes, creía que el tiempo había retrocedido, y me sentí de nuevo aquel estudiante universitario, algo bohemio y contestatario que una vez fuí.

Recordé un par de relatos que escribí y que publiqué en Grupobuho, en los que el protagonista, llamado Luis, rememora esos recuerdos estudiantiles de juventud.Y os confieso que, a pesar de muchos nombres cambiados, tienen bastante de autobiográficos. Si los quereis leer, están en esa página, publicados con mi nick "Manuel" y se titulan "20 años después" y "Reencuentro". Si os decidís a leerlos, ya me direis si os gustaron.

Farenheit 451

Ésa es la temperatura a la que empieza a arder el papel impreso, pero también es una película, dirigida por François Truffaut en 1966, basada en la novela homónima de Ray Bradbury.

Ayer por la noche estaba desvelado, y como Pilar madrugaba, para no molestar, me fuí al salón y puse la tele, en el canal "Cinematk", que suele pasar películas de autor. La del título que hoy nombro la ví hace muchos años, y debo decir que me impactó, por su ambientación y por el mensaje que deja.

Al cabo de los años, se ve una ambientación ya pasada de moda, aunque en su momento llamó la atención por lo futurista de sus escenarios, la vestimenta de los protagonistas, las casas, los vehículos de transporte y otros detalles. El argumento gira en torno al trabajo de los bomberos en el futuro, cuando ya no se dediquen a apagar incendios, pues las casas se construirán a prueba de fuego. Su labor: Quemar libros.

Se suponía en la obra que, en tiempos venideros, los libros serían considerados perjudiciales y peligrosos, por lo que todo se enseñaría oralmente, y los libros debían ser destruidos, siendo delito el poseerlos y leerlos.

El protagonista, llamado Montag, es al principio un bombero, celoso cumplidor de su deber y su trabajo, hasta que conoce a una joven que le enseña lo maravillosos que son los libros. La historia ve siguiendo su curso hasta que es declarado fuera de la ley, por leer libros e intentar difundirlos, teniendo que huir de la ciudad, hasta llegar a un lugar, poblado por proscritos, que han cometido el mismo delito que él. Sin embargo, esos "delincuentes" serán los conservadores de la riqueza que contienen los libros, aprendiéndose cada uno un título de memoria, transformándose en un "hombre-libro", llamándose desde ese momento como el título que se aprende cada uno. Montag termina siendo "Narraciones extraordinarias", de Edgard Allan Poe.

Vuelvo a decir que la película se ve anticuada en su ambientación, pero el mensaje es fabuloso, pues da a entender cómo hay gobernantes que prefieren que no se difunda la cultura, porque así una masa popular es más manejable para sus caprichos, llevándoles por dónde a los que mandan les apetece...

SI podeis encontrarla en alguna videoteca, os recomiendo que la veais.

Y, cambiando de tema, como no todo ha de ser catastrofista, os comento que mi hijo ha aprobado el curso, por lo que el año que viene comenzará FP de grado medio, en la especialidad de Informática, que es lo que le gusta, si le dan plaza en el centro donde la ha solicitado. Estoy contento y muy orgulloso de él, pues ha demostrado que, si quiere, puede conseguir lo que desea, y que todo esfuerzo merece una recompensa.

Buen finde a todas/os.

 

Caligrafía.

Lo reconozco: Tengo una letra horrible. ya cuando estudiaba primaria, y después parte del Bachillerato de la época, en los Maristas, era el desespero de algunos profesores, a la hora de tener que ler algún texto escrito por mi. Y lo mejor de todo es que, en gran parte de primaria, se daba caligrafía en clase, escribiendo en unos cuadernos que tenían un texto de "muestra" en cada página, que había que ir copiando de forma repetitiva, procurando esmerar la letra.

Los texto a copiar solían ser máximas o refranes, tales como: "Quien mucho abarca poco aprieta" o "Aprende a perder con elegancia". Y al mismo tiempo que procuraban que hiciéramos unos guarismos legibles, intentaban inculcarnos algunos principios morales, con mayor o menor éxito, según los casos...

Recuerdo que en una ocasión, el profesor, desesperado por mi mala letra, me dijo:"¿Qué hará usted para escribir cuando sea mayor, si quiere que le entiendan?". Y yo le respondí: "Escribiré a máquina". Por descontado, la risa que hubo en la clase fué monumental, pero saqué de positivo que el buen hombre me dejara por imposible, y ya no se volvió a meter conmigo. Hay que reconocer que, gran parte de la mala letra que mucha gente tiene, es debida al uso generalizado del bolígrafo, que permite escribir muy rápido, muchas veces sin parar a ver si la palabra se ha escrito con las letras bien hechas. Prueba de ello es que, cuando escribo con estilográfica, al tener que ir más despacio, me suele salir una caligrafía más legible.

Por cierto, que mi hija ha heredado de mi esa horrible caligrafía. De hecho, tenemos una letra muy parecida. tanto es así, que cuando la ayudo con sus deberes, que ha de escribir a mano, por orden de su profesora, para evitar que saquen textos de un texto de ordenador y después lo impriman,nuestra letra apenas se diferencia, y el trabajo realizado pasa perfectamente la correción.

En el fondo, compadezco y a la vez admiro a dos colectivos: Los farmaceúticos y los profesores, pues deben enfrentarse muchas veces a los galimatías de los textos que leen, y en el caso de los docentes, como me decía una prima mía, que es profesora de instituto, en ocasiones los alumnos emplean abreviaturas similares a las que suelen utilizarse en lenguaje de chat o de móvil, por lo que corregir un examen suele ser una prueba propia de un criptógrafo...

Ya os dareis cuenta si alguna vez os mando una postal o una carta por correo ordinario, escrita con mi letra. Je, je, je.

Otra semana que pasa.

Y la verdad es que ha sido más bien aburrida, tras estar la pasada con ciertos nervios por la ausencia de mis hijos, aunque estuvieran de viaje de fin de curso. Pero Pilar y yo los hemos echado mucho de menos, aunque en el fondo nos alegrábamos por lo bien que lo estaban pasando, como así fué.

En mi trabajo, la cosa continúa igual de tranquila, pues vienen pocas visitas, y es que la crisis se va notando en el ánimo comprador de los clientes. El caso es que sí que se sigue buscando vivienda, pero todos esperan que los precios bajen (O que se vuelvan más razonables), aunque también hay quien busca el chollo, ya que más de un promotor está casi cambiando el dinero, con tal de poder salvar el tipo y la empresa.

Este mes de Junio quedan tres fines de semana en los que voy a estar entretenido: Éste, tenemos celebración familiar, pues se reunirá la familia de mi mujer, con motivo de la matriarca de la familia, abuela de Pilar y bisabuela de mis hijos.

El de la semana que viene nos reuniremos un grupo de antiguos compañeros de Facultad, para recordar los viejos tiempos. Ha sido algo "pensat i fet" (Pensado y hecho, como decimos en Valencia), con motivo de unas jornadas sobre enseñanza del francés, que ha organizado un  colectivo de profesores de esa lengua. Faltará que acuda mi "asignatura pendiente", que tenía otros compromisos, y la verdad es que lo siento, pues hace mucho que no la he visto, si bien hablo con ella por teléfono bastante a menudo. En todo caso, siempre es emotivo el rememorar recuerdos de la época estudiantil...

Y el de la semana siguiente, será mi aniversario de boda, que fué un 22 de Junio de hace algunos años. Como dato simpático de entonces, ese día eran elecciones generales, y a mi mujer le gastaron la broma de llevarla a votar vestida de novia. En el colegio electoral había esperando unas cámaras de TV, por lo que salió votando en las pantallas de toda España. Tal vez, de cara a rememorar esa efeméride tan entrañable para Pilar y para mi, escriba un post contando agunas anécdotas de ese día.

Y el último fin de semana de Junio, si no pasa nada, en Valencia habrá una recreación del ataque de las tropas francesas a la ciudad, conmemorando el que hubo durante la Guerra de la Independencia, en 1808. Está previsto que haya un campamento militar, al estilo del siglo XIX, instalado en el viejo cauce del Turia. será cuestión de ir preparando la cámara de fotos, y si salen bien ya os mandaré alguna.

Buen finde a todas/os.

La vida y sus olores.

No voy a referirme a esos desagradables olores, propios de la Humanidad, sobre todo cuando hay personas poco amigas del agua, el jabón y la higiene en general, sino a ciertos olores que nos encotramos en la vida diaria, aunque algunos cada vez se prodiguen menos, y que nos recuerdan que el día a día continúa su inexorable marcha.

Hay olores muy característicos, como el de la tierra mojada, cuando alguna vez vamos por el campo, o el del salitre que se siente a la orilla del mar, cuando la brisa nos lo lleva a la cara. ëstos son olores muy naturales, como también lo es el de las flores de un jardín, ahora en primavera. A partir de Marzo, en la zona de Valencia, el aroma del azahar, en los huertos de naranjos, puede llegar a marear a quien no está acostumbrado, como también ocurre con el jazmín, en las noches veraniegas.

Sin embargo, hay otros olores que nos indican que la vida sigue en nuestro ambiente urbano, donde solemos pasar gran parte de nuestro tiempo.

Algunos ejemplos: El del pan recién hecho, cuando entramos en una panadería. Y si es en una pastelería, la amalgama que alli se aprecia (Azúcar, chocolate, vainilla, etc.) creo que despierta el apetito más dormido, y casi podría resucitar a un muerto... Algunos bares y restaurantes, a la hora de comer, también son fuente de apetitosos aromas. Aunque hay otros que emanan unos olores tan rancios, que entran ganas de huir de allí.

Hay otro olores que me recuerdan pasajes de la infancia, cuando a veces iba a comprar con mi madre al mercado de la barriada en que vivía de niño: Olor a fruta recién traida de la huerta. de pescado del día, que no olía mal, sino a mar. Y tantas y tantas cosas...

Por cierto, que en post de hace unos días, cuando hablaba de oficios para el recuerdo, Pikifiore comentó que su abuelo tuvo una lechería. Y éso me hizo venir a la cabeza esos establecimientos, hoy prácticamente desparecidos en la zona de Valencia, absorbidos por los grandes comercios, donde el olor a nata y a leche fresca lo impreganaba todo. Hoy en día, en que todo va tan envasado e higienizado, todo éso ha pasado a la historia.

Por desgracia, en la calle cada vez se huele más a contaminación, a humos, a asfalto y a otros elementos tóxicos, de manera que cuando hay ocasión de salir al campo o a la playa, nos creemos que hemos cambiado de mundo.

¿O es que lo estamos cambiando todo de tal forma,  que no nos hemos dado cuenta de los grandes tesoros que vamos perdiendo?

...Y volvieron de París.

El sábado pasado, sobre las 8:30 de la tarde, aproximadamente, volvieron mis hijos de París, junto con todo el grupo de su Instituto. Agotados, después de una semana sin parar, con la energía propia de sus años, pero excitados de poder volver a ver a la familia, a la que, por muy bien que se pase, siempre se la echa de menos...

Mi hijo traía la voz ronca, casi afónico, por la falta de sueño y lo mucho que debieron cantar y gritar durante el viaje. Las profesoras que iban con ellos me dijeron que se habían portado muy bien, y que se podía ir con ellos a todas partes. Tras saludar a algunos compañeros suyos y sus padres, nos volvimos a casa. Ya habíamos dejado la cena casi preparada, pero en cuanto llegaron se pusieron a sacar los regalos y las cosas que habían comprado. Poco, pues París es muy caro (Ya se lo había adevertido yo), pero fué un detalle por su parte el que se acordaran de nosotros. Nos trajeron unas litografías, para enmarcar, de paisajes parisinos, un despertador con dibujos de Mikey Mouse (Comprado en Disneyland París) y una pequeña Torre Eiffel, para ponerla en el mueble del salón.

Mi hijo sacó la tarjeta de su cámara digital y la colocó en el reproductos de DVD que tenemos, el cual admite tarjetas, y estuvimos viendo en la tele, como si se tratara de un pase de diapositivas...¡¡1.000 fotografías!! Algunas no salieron demasiado bien, cosa bastante normal, pero de otras ya he empezado a hacer una pequeña selección, esperando poder mandaros alguna. Lo malo es que son de mucho "peso", por lo que tal vez sature vuestra capacidad de archivo en el e-mail.

Pero lo mejor de todo es que ya están de nuevo en casa, cesando así la incertidumbre y los nervios de no verlos cada día, y de saber que estaban muy lejos. Por supuesto, me alegro que lo hayan pasado bien. ¡¡Quién pudiera volver a tener sus años!!

Epílogo: El domingo, se pusieron...¡¡Cinco lavadoras!! Y éso que la nuestra es para siete kilos de ropa. Menos mal que hizo bueno y que la azotea comunitaria es muy grande. Je, je, je.

Oficios para el recuerdo.

 

 

Hace unos días, mi mujer y yo hablábamos acerca de personajes y trabajos que ya no se ven, al menos por la calle, y que nosotros solemos recordar como si los hubiéramos visto ayer mismo, sin ser conscientes del implacable paso del tiempo y de cómo va evolucionando todo.

La vida moderna, que va avanzando inexorablemente, con crisis o sin ella, ha ido terminando con muchos oficios artesanos, muchos de ellos ejercidos en la calle, por parte de personas que, de una manera más o menos modesta, se ganaban honradamente el pan de cada día.

Agunos de esos oficios los recuerdo como en sueños, ya que era muy pequeño cuando se ejercían. He aquí algunos de ellos, que tal vez vosotras/os, también recordareis:

-Traperos: Iban pregonando sus servicios por la calle, muchas veces tirando de un carro de mano, anunciando la compra de papel, trapos, botellas, hierro viejo, etc. Este trabajo ha sido desplazado y anulado por contenedores de reciclaje, aunque aún se ven algunos chatarreros que van de por libre, con destartaladas furgonetas.

-Vendedores de pescado. Iban con un cubo colgando de cada brazo, pregonando su mercancía, que solían ser boquerones o peces pequeños, que la gente compraba para hacer fritadas. Hoy en día, entre las normas sanitarias tan estrictas, y las medidas mínimas, estos vendedores han desaparecido. No sé si por algunas zonas de la costa andaluza tal vez sigan sobreviviendo.

- Escoberos: Iban por las casas arreglando las escobas de caña y hojas de palma. Hoy en día, el plástico casi ha acabado con aquellos rústicos escobones, menos higiénicos y de difícil desinfección.

-Estañadores: Solían colocarse por las zonas de los mercados, provistos de un hornillo y unos rudimentarios sopletes, para arreglar los cacharros de hojalata o de metal esmaltado (Ollas, palanganas, utensilios de cocina, etc.). El uso generalizado del plástico y el acero inoxidable de alta calidad acabó con ese oficio.

- Silleros: Arreglaban las sillas de madera, con asiento de enea. Los recuerdo, de muy pequeño, que iban por la calle, tirando de un carrito de mano, mientras iban haciendo sonar una pequeña campanilla. En la zona de Valencia se les denominaba "cadirers".

-Lecheros: Iban haciendo su recorrido, atendiendo una clientela que tenían en cada barriada. Vendían, sobre unas medidas, la leche que se necesitaba cada día. Las normas de higiene, y la proliferación de supermercados también ha terminado con ese oficio. Curiosamente, nunca conocí de casos de intoxicaciones por virus de ningún tipo. Si a un caso, a veces la leche salía muy aguada...

Podría ir enumerando algunos oficios más, pero sólo he puesto los que recuerdo con más añoranza. Sin embargo, todavía subsisten algunos de esos oficios que hacen ganar el pan en la calle, como por ejemplo, los afiladores. No obstante, éstos han sabido evolucionar, pues en vez de utilizar aquella rueda de afilar que manejaban con un pedal, suelen emplear una moto o una furgoneta, a la que acoplan un motorcito que mueve la redonda piedra de amolar.

Y también hago mención de los vendedores del cupón pro-ciegos, aunque en estos últimos años han evolucionado mucho, modernizándose y adaptando su venta a diversos productos. Ahora suelen estar en un kiosco fijo o utilizan un tenederete desmontable. En la zona de Alicante, y no sé si en alguna otra, los vendedores del cupón pregonan su mercancía de una forma muy curiosa: Las dos últimas cifras tienen una denominación concreta, por ejemplo, el 28 es Alicante, el 35 es el Infierno, el 93 es la Revolución, etc. Y se les ve cantando: ¡¡Llevo el Caballo, la Bomba, el Orinal, el Pato!! o los números que cada uno lleve ese día. Merece la pena ver ese curioso y popular espectáculo callejero gratuito.

También recuerdo, en los parques públicos , donde juegan niños, los vendedores de globos, que ahora, cuando se ven, suelen estar rellenos de gas, lo cual provoca que, si la criatura lo suelta, ascienda hasta perderse en el espacio. Los que yo recuerdo, de cuando era niño, estaban llenos de aire, hinchado con un curioso fuelle accionado con el pie, y sujetos después con una cañita, generalmente hecha de mimbre o junco. Muchas veces, el mismo vendedor de globos solía tener también caramelos u otras chucherías. En las ferias, sobre todo por Navidad, se suelen ver los vendedores de algodón de azúcar o de manzanas acarameladas, en color rojo y pinchadas con un palito.

¿Alguien recuerda algún oficio que ya no se ejerza normalmente por la zona en que vive? Ya me direis algo.

Y mañana, sábado, regresan mis hijos de París. Ya os contaré qué tal lo han pasado, y si han hecho fotos guapas, os las enviaré a vuestros e-mails.

Buen finde a todas/os.

Y se fueron a París.

Finalmente, tras los lógicos nervios de los preparativos de última hora, el domingo 25 de Mayo de 2008, mis hijos se fueron a París, de viaje de fin de curso, con un grupo de gente de su Instituto. Había que estar en la puerta del centro a las 17:30, para meter los equipajes y pasar lista, aparte de comprobar si todos llevaban la documentación correspondiente. Y a las 18:00 partió el autobús. Como tenían que llevar bocadillo para la cena de esa primera etapa del viaje, me pidieron que les preparara una tortilla de patatas (Según ellos, se me da mejor que a mi mujer, pero mejor que Pilar no se entere. Je, je, je.), de manera que se fueron bien pertrechados, aparte de llevar unos zumos y botes de refresco en su mochila de mano.

Mientras esperábamos, y veíamos llegar a otros padres de conmpañeros acompañando a sus hijos/as, recordé cuando yo hice un viaje similar, al finalizar el Bachillerato, hace ya muchos años, y de la mezcla de nervios e ilusión que viví en aquellos momentos. Entonces, al ver a mis hijos, pensé: Hace cuatro días que usaban pañales, que los llevaba en brazos, que les tenía que dar la comida y ahora...¡Míralos! El niño (?) con 17 años, y la niña (?) con 15...

Cuando llegó el autocar, ví que era muy moderno y bien equipado. En la parte de atrás, un cartelito indicaba: Transporte escolar. Pero creo que más bien deberían haber puesto: Tansporte de fieras. Je, je, je.

Y después me dió por pensar: ¡¡Cómo ha pasado el tiempo de rápido!! ¡¿Y no me he dado cuenta?! De verdad os digo, que un escalofrío me recorrió por dentro, al ver la rapidez con que la vida va pasando. Me hizo recordar lo que decía un profesor, en Bachillerato: Cien años, para la Historia, no es nada. Y nosotros no nos queremos dar cuenta de lo que nos cambia la vida en menos de veinte años.

Le dije que me llamasen cuando estuviesen a punto de cruzar la frontera, que yo calculaba sería ente las 11 y las 12 de la noche, como así fué. La juerga de fondo que se oía en el autobús era monumental, por lo que deduje que se lo estaban pasando de miedo. Y después me han llamado a las 7:30 de la mañana, ya desde Francia, para decirme que iban a desayunar y que por la mañana iban a visitar los castillos del Loira.

Espero que se lo pasen muy bien, mientras a mi memoria acuden recuerdos de cuando estuve en París por primera vez, hace ya muchos años, a la vuelta de un viaje que hice, yo solo, a Hungría, a casa de una chica con la que me carteaba entonces. Algún día os contaré esa historia, una de las etapas más felices que recuerdo de mi juventud...

 

Amos y perros.

Muchas mañanas, sobre todo si he de llevar a mi mujer al trabajo, cuando entra a las 7, o si voy a por pan para preparar los bocadillos de mis hijos, suelo coincidir con algunos vecinos de mi barrio, que salen a pasear su perro (Quien tenga), temprano, antes de irse a trabajar.

Es curioso, pero muchas veces me parece totalmente cierto el dicho de que al final, el amo y el perro terminan pareciéndose un poco mútuamente. Me llama sobre todo la atención si ambos son de cierta edad, como si la convivencia de dos seres que van envejeciendo en compañía influenciara en su exterior. Esta mañana, sin ir más lejos, he visto a un hombre ya mayor, con un perro de caza que se ve también ya viejo, y los dos iban paseando tranquilamente, como dos compañeros que ven pasar las horas, sin otra cosa que hacer.

Me viene a la memoria los tres perros que he tenido hasta ahora, en diversas etapas de mi vida, y que me han dejado su recuerdo, a veces grato, y otras no tanto. Primero, hace muchos años, siendo soltero, tuve una dálmata, llamada Truska, que era el animal más manso, bueno y familiar que haya podido estar sobre la tierra. La crucé una vez y tuvo siete cachorros, que regalamos a amistades y familiares. Y me sombró su inmenso instinto maternal, por cómo cuidaba a su camada.

Después, ya casado, tuve en casa a Simba, un enorme y noble pastor alemán, que le habían comprado a mi mujer de soltera, para que perdiera el miedo a los perros. Sabía vigilar la casa, pero no era agresivo. Éso sí, lo habían malcriado un poco y le encantaba el queso, los flanes y los bocadillos de sobrasada mallorquina...

Y por último tuve un chow-chow, que unos familiares se encontraron abandonado en el campo. Era espectacular y de un pelaje muy llamativo, leonado, pero con cierto mal genio. Un día atacó a mi hija y lo tuve que llevar a la protectora, para que hiciera con él lo que legalmente quisieran, pero en casa no podía estar, pues mis hijos, lógicamente, estaban por encima de todo. Afortunadamente, mi hija no ha cogido miedo a los perros, pero mi mujer no quiere saber nada de volver a tener otro, ni siquiera un chihuahua.

Pero, volviendo a los perros con amo que hay por mi barriada, hay algunos de ellos que me conocen, pues me siguen gustando esos animales. Muchas veces, cuando me cruzo con alguno, lo saludo por su nombre y le pregunto: ¿Paseando al amo? Y me gustaría que viérais las caras, mezcla de mosqueo y resignación, que ponen los dueños ante la preguntita...

Y este domingo se van mis hijos a París, con un grupo de su Instituto. Están con unos nervios que se los comen, pero creo que lo van a pasar muy bien. Ya os contaré.

Buen finde a todas/os.

Guantanamera

Los viernes suelo comprar un periódico que, en el euro que cuesta, incluye una película en DVD. Normalmente, no suelen ser demasiado amenas ni entretenidas, pero en esta ocasión sí que me ha llenado el verla...

Está ambientada en la Cuba actual, y aunque el argumento no es demasiado interesante (El traslado de una difunta, de una parte a otra de la isla, con los relevos de los coches fúnebres, que son de la funeraria estatal) lo que llama la atención es la forma en que los cubanos han asumido su particular situación socio-económica.

La picaresca se alía con el instinto de supervivencia diaria: Contrabando, restaurantes clandestinos donde se paga con dólares, transporte de personas en camiones, aprovechando el espacio de carga si hay sitio libre, etc. Y el caso es que, en la película por lo menos, parecen felices o que han asumido su día a día de una manera filosófica, tal vez porque no ven esperanza de un futuro próspero inmediato, y procuran decir aplicar el dicho de "Al mal tiempo buena cara" o "De lo perdido saca lo que puedas". Y nosotros nos lamentamos, como si el mundo se viniera abajo, cada vez que hay algo de crisis...

Hay escenas que parecen cómicas, aunque tal vez en su lugar de origen sean símbolo de una situación triste, que no implica miseria, aunque sí algo de escasez, que debería hacer que supiéramos apreciar nuestra actual situación económica, muy próspera si la comparamos con la suya.

 

En serio, si teneis ocasión os recomiendo que veais esa película:"Guantanamera".

Regalo sorpresa y recuerdos familiares

Ayer vino a verme al trabajo mi hermano menor (Somos 3, todo hombres) y me trajo algo que hacía tiempo que le había pedido, pues no tenía ninguno suyo: Un cuadro. Mi hermano (Héctor) es diseñador publicitario, pero siempre ha dibujado y pintado muy bien, cosa que a mi se me da fatal. A mí me gusta más escribir o la fotografía, y mi otro hermano, el mayor (Eduardo) toca la guitarra con batsante soltura; de hecho, en su época estudiantil fué tuno. Es dedir, que a cada hermano le ha dado por una actividad artística diferente.

Curiosamente, el cuadro que me ha regalado ya lo conocía de vista indirectamente, pues mi mujer, un día, puso en el buscador de Google el nombre de mi hermano, y apareció como miembro de una galería virtual de arte, en la que había expuestos varios cuadros. Y da la casualidad de que el que me ha regalado, cuando Pilar lo vió en esa galería virtual, le gustó tanto que lo tiene puesto de salvapantallas en su cuenta de Internet. Huelga decir que la sorpresa por el regalo ha sido mayúscula para ella, causándole un gran contento.

Ya hemos colgado el cuadro en el salón de casa, en lugar muy preferente.

Por otra parte, cuando fué a verme, me contó que días atrás, proyectó algunas viejas películas familiares (En formato Super 8 mm), de las que hicimos cuando éramos adolescentes, con un tomavistas que compramos en un viaje a Andorra. Hace años, mi padre le dió el proyector, la pantalla y todas aquellas películas, en las que salimos con el "look" y vestimenta de entonces, aparte de con unos cuantos años menos...

Me dijo que no había querido pasarlas a DVD, pues le sigue gustando, igual que a mi, la magia de la sala a oscuras y de la proyección en una pantalla, como en un cine. También me dijo que a ver si algún día íbamos todos a su casa y hacía una sesión de cine familiar, para que mis hijos y los suyos pudieran ver cómo éramos de más jóvenes. Pero yo le he dicho que prefiero no ver esas películas caseras, ya que en ellas aparecen personas muy queridas, que hace tiempo realizaron ese viaje sin retorno al otro mundo, y que deseo mantener vivos en mis recuerdos, en lugar de volverlos a ver moverse ante mi, como si todavía vivieran. Francamente, me daría mucho "repelús"

Y hablando de éso, tengo una curiosa costumbre, heredada de mi madre y de mi abuelo materno, que es la de leer las esquelas mortuorias del periódico, que suelo hojear cada día cuando me tomo un cortado antes de ir a mi trabajo, en el bar del pueblo en que está la promoción que vendo. Habrá quien diga que es una costumbre algo morbosa, pero no puedo evitarla. Además, por si no lo sabeis, Camilo José Cela (Escritor, senador, Premio Nobel de literatura, Premio Cervantes, etc.), tenía por afición el coleccionarlas...

Buen finde a todas/os. Nos vemos la semana que viene.

Hace siete años

Siempre he dicho que el tiempo corre muy rápido (Un hermano mío afirma que "No lo pilla un galgo"), y es que hoy, 13 de Mayo, se cumplen siete años de un entrañable acontecimiento familiar: La 1ª Comunión de mis hijos. Como se llevan muy poco, apenas 20 meses, pude hacer que la tomaran juntos, siempre dentro del año en que mi hija, la más pequeña de los dos, cumpliera los 9 de edad.

En aquella época, las cosas no me iban demasiado bien económicamente, pero no podía dejar que mis hijos no disfrutaran de un día tan señalado en la vida de un niño (O niña). Sus amigos la habían ido tomando, y contaban lo bien que lo habían pasado, y la cantidad de regalos que les habían hecho. Ya sé, y soy consciente de ello, que una festividad, en teoría religiosa, se ha vuelto algo mundana, sobre todo por el fuerte golpe de consumismo que supone para familiares y amigos; pero así se han vuelto ahora las cosas, y no merece ir contra corriente, sobre todo si la felicidad de unos niños está de por medio.

Todavía me río cuando recuerdo, al preguntarles a mis hijos ¿De qué vas a tomar la Comuión? Y mi hija decía: "Yo de novia" y mi hijo:"Yo, de capitán" (No le gustaba el de marinerito). Y se acercaba la fecha y no había casi dinero, ni tampoco había nada apalabrado para el convite. Sin embargo, una serie de golpes de suerte hizo que todo se resolviera felizmente.

La declaración de renta de ese año nos salía "A devolver", y como era una cantidad bastante interesante, pedí un crédito sobre esa devolución, que me concedieron sin problemas. A mi mujer, en Mercadona, le dieron una pequeña prima por beneficios. Y en el trabajo que tenía entonces (Vendedor de chalets de segunda mano, en una inmobiliaria) tuve la suerte de, en poco tiempo, realizar dos ventas, con buena comisión.

Por otra parte, tuve la gran suerte de encontrar un restaurante al que le habían cancelado un banquete, teniendo apalabradas bastantes cosas, por lo que pude "apretar" un poco en el precio, logrando un buen descuento. Además, el salón en que se debía hacer era como una especie de "jaima", muy bien decorada, que daba un encanto especial al sitio del convite.

Y debo reconocer que todo salió perfecto. Por si algo faltaba, a mi, que siempre me he considerado más bien agnóstico, me liaron para que durante la misa saliera a leer unas palabras, dándome para ello un pasaje del Deuteronomio. No me hacía mucha gracia, pero la ilusión de mis hijos, por verme hablar allí, hizo que me sacrificara por ellos hasta en éso.

A pesar del tiempo que ha pasado, todavía recuerdo el 13 de Mayo como un día muy ameno y entrañable. Aunque este año haya caido en martes...

Lo siento por los supersticiosos. (Yo no lo soy, porque trae mala suerte. Je, je, je)

El cine de ayer, el cine de hoy.

No voy a referirme al séptimo arte en sí, sino a las salas de cine, en la que más de una vez hemos pasado una tarde o una noche, viendo alguna película, más o menos buena, pero disfrutando de nuestro tiempo libre, muchas veces en agaradable compañía con quien compartir esos momentos.

Recuerdo que de pequeño me encantaba ir, pues veía algo mágico en todo aquello: La sala a oscuras, las imágenes que se veían en la pantalla, los haces de luz que se proyectaban sobre ésta, etc. Tardes de sesión doble (O triple, algunas veces), con el bocadillo que traíamos de casa, y que acompañábamos de algún refresco comprado en el bar del mismo cine. También me vienen a la memoria los cines de verano, al aire libre, cenando también de bocadillo y volviendo a casa a las tantas, aunque como solía ser en época de vacaciones, no había problemas de tener que madrugar al día siguiente.

Hoy en día, el cine se ha vuelto muy caro, pues la entrada te puede costar en torno a los 6 ó 7 euros (Salvo el Día del espectador, que suele ser los miércoles), por lo que una tarde de cine en familia te resulta por una pequeña fortuna, sobre todo si además se compran refrescos y/o palomitas. Recuerdo que, en tiempos, el cine era una distracción bastante popular y barata, pero éso ha pasado a la historia, al igual que las salas de reestreno. En Valencia sólo queda una, que suele proyectar películas bastante buenas, todo hay que decirlo.

Mi mujer me preguntaba hace unos días: ¿Cuanto hace que no vamos al cine? Y la verdad es que he perdido la cuenta. Por no mentir, el año pasado, por aquello de la novedad, pues no habíamos ido nunca, fuimos todos a un auto-cine, en Agosto, y la experiencia no estuvo mal, pues se podía sintonizar una frecuencia de radio que hacía que se oyera la película a través del estéreo del coche. Sin embargo, tal vez por lo caro que se ha puesto, o porque mis hijos, ya adolescentes, hacen sus planes, hace bastante que no vamos los cuatro al cine en familia.

A veces, alquilamos un DVD en la videoteca que hay detrás de casa ( 3 euros las novedades, que no es nada caro), o pagamos una película en tv por cable que tenemos, pero no es lo mismo, pues echo de menos el encanto de la sala cinematográfica...

Nostálgico y sensible.

Debo reconocer que este pasado fin de semana estaba muy sensible, debido a ciertos recuerdos. Aparte de lo que comentaba el día 1 de Mayo, este domingo era el Día de la Madre, por lo que tuve un especial recuerdo de la mía, pensando, como me suele ocurrir a menudo, en cómo sería ahora si viviera, y lo contenta que estaría de ver a sus nietos: Un joven que se llama como mi abuelo materno (Manuel-Juan de Dios), al que yo tampoco conocí, y una guapa adolescente que tanto se parece a ella, cuando tenía su edad...

Este año encargué un ramo de flores poco habitual. Normalmente le llevo margaritas con claveles rojos, pues eran flores que le gustaban mucho. Pero en esta ocasión, por variar, se lo hice preparar de rosas rosa con unas pequeñas dalias blancas, quedando finalmente un ramo en tonos suaves, precioso. Ya sé que cuando voy al cementerio salgo de allí con la moral un tanto tocada, sobre todo teniendo en cuenta que tras esa lápida negra está la persona que me dió la vida, y con la que tan unido estuve, pero creo que es lo menos que puedo hacer como hijo. De hecho, cuando me casé, de mútuo acuerdo con Pilar, en vez de lanzar el ramo de novia a las solteras, fuimos a depositarlo en el cementerio.

A mi mujer, para que se lo dieran nuestros hijos, le compré otro ramo, pero de tulipanes (Su flor favorita) y un estuche de perfume "DKNY", que es otro de los que le gustan. Su precio es bastante caro, pero un día es un día...

Hoy, consciente de que la rueda de la vida ha de continuar su imparable giro, ya me encuentro algo mejor y más animado.