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01/05/2008
Otro triste recuerdo.
No puedo remediarlo, pero cuando llega el día de la fecha (1 de Mayo), siempre me viene a la cabeza cuando mi mujer abortó. Era el primer embarazo, tras casi 8 meses de ir buscándolo, y estaba de siete semanas. Para cruel capricho del Destino, ese día era, además, el Día de la Madre...
Han pasado veinte años desde entonces, tengo dos hijos adolescentes a los que veo crecer cada día, y sin embargo aún se me humedecen los ojos al recordar aquel día. Cuando fuí a ver a mi mujer al hospital, después que le hicieran un legrado, iba con gafas oscuras, de tan irritados que tenía los ojos de tanto llorar, en parte por ella, pues siempre me han dado miedo esas cuestiones ginecológicas, y en parte por esa vida que nunca llegaría a conocer este mundo. Pilar se asustó cuando me vió los ojos tan enrojecidos, y es que creo que nunca había llorado tanto desde que mi madre falleció.
Después vinieron dos años de nueva búsqueda, de consultas al ginecólogo, de miles de pruebas con el resultado de..."No hay ningún problema". Y sin embargo mi mujer no se quedaba embarazada, para desespero de ambos. Incluso nos llegamos a plantear la posibilidad de hacer una adopción. Un día fuí por el organismo oficial correspondiente, a enterarme, pero había mucha gente y tenía prisa, por lo que lo dejé para otra ocasión. A los dos o tres días, Pilar vino sonriente con un resultado de test de embarazo.¡¡Positivo!! Cuando ya lo habíamos dejado casi por imposible.
Y después, para capricho nuevo del Destino, en menos de veinte meses vinieron los dos.¡¡La parejita!! Se cerró la fábrica.
Hay que decir también que ambos vinieron en una época en que mi trabajo no funcionaba muy bien, pero había que luchar por sacar una familia adelante. Y lo hicimos.
Sin embargo, el triste recuerdo de aquel 1 de Mayo, nunca se me va de la cabeza...
06/05/2008
Nostálgico y sensible.
Debo reconocer que este pasado fin de semana estaba muy sensible, debido a ciertos recuerdos. Aparte de lo que comentaba el día 1 de Mayo, este domingo era el Día de la Madre, por lo que tuve un especial recuerdo de la mía, pensando, como me suele ocurrir a menudo, en cómo sería ahora si viviera, y lo contenta que estaría de ver a sus nietos: Un joven que se llama como mi abuelo materno (Manuel-Juan de Dios), al que yo tampoco conocí, y una guapa adolescente que tanto se parece a ella, cuando tenía su edad...
Este año encargué un ramo de flores poco habitual. Normalmente le llevo margaritas con claveles rojos, pues eran flores que le gustaban mucho. Pero en esta ocasión, por variar, se lo hice preparar de rosas rosa con unas pequeñas dalias blancas, quedando finalmente un ramo en tonos suaves, precioso. Ya sé que cuando voy al cementerio salgo de allí con la moral un tanto tocada, sobre todo teniendo en cuenta que tras esa lápida negra está la persona que me dió la vida, y con la que tan unido estuve, pero creo que es lo menos que puedo hacer como hijo. De hecho, cuando me casé, de mútuo acuerdo con Pilar, en vez de lanzar el ramo de novia a las solteras, fuimos a depositarlo en el cementerio.
A mi mujer, para que se lo dieran nuestros hijos, le compré otro ramo, pero de tulipanes (Su flor favorita) y un estuche de perfume "DKNY", que es otro de los que le gustan. Su precio es bastante caro, pero un día es un día...
Hoy, consciente de que la rueda de la vida ha de continuar su imparable giro, ya me encuentro algo mejor y más animado.
08/05/2008
El cine de ayer, el cine de hoy.
No voy a referirme al séptimo arte en sí, sino a las salas de cine, en la que más de una vez hemos pasado una tarde o una noche, viendo alguna película, más o menos buena, pero disfrutando de nuestro tiempo libre, muchas veces en agaradable compañía con quien compartir esos momentos.
Recuerdo que de pequeño me encantaba ir, pues veía algo mágico en todo aquello: La sala a oscuras, las imágenes que se veían en la pantalla, los haces de luz que se proyectaban sobre ésta, etc. Tardes de sesión doble (O triple, algunas veces), con el bocadillo que traíamos de casa, y que acompañábamos de algún refresco comprado en el bar del mismo cine. También me vienen a la memoria los cines de verano, al aire libre, cenando también de bocadillo y volviendo a casa a las tantas, aunque como solía ser en época de vacaciones, no había problemas de tener que madrugar al día siguiente.
Hoy en día, el cine se ha vuelto muy caro, pues la entrada te puede costar en torno a los 6 ó 7 euros (Salvo el Día del espectador, que suele ser los miércoles), por lo que una tarde de cine en familia te resulta por una pequeña fortuna, sobre todo si además se compran refrescos y/o palomitas. Recuerdo que, en tiempos, el cine era una distracción bastante popular y barata, pero éso ha pasado a la historia, al igual que las salas de reestreno. En Valencia sólo queda una, que suele proyectar películas bastante buenas, todo hay que decirlo.
Mi mujer me preguntaba hace unos días: ¿Cuanto hace que no vamos al cine? Y la verdad es que he perdido la cuenta. Por no mentir, el año pasado, por aquello de la novedad, pues no habíamos ido nunca, fuimos todos a un auto-cine, en Agosto, y la experiencia no estuvo mal, pues se podía sintonizar una frecuencia de radio que hacía que se oyera la película a través del estéreo del coche. Sin embargo, tal vez por lo caro que se ha puesto, o porque mis hijos, ya adolescentes, hacen sus planes, hace bastante que no vamos los cuatro al cine en familia.
A veces, alquilamos un DVD en la videoteca que hay detrás de casa ( 3 euros las novedades, que no es nada caro), o pagamos una película en tv por cable que tenemos, pero no es lo mismo, pues echo de menos el encanto de la sala cinematográfica...
13/05/2008
Hace siete años
Siempre he dicho que el tiempo corre muy rápido (Un hermano mío afirma que "No lo pilla un galgo"), y es que hoy, 13 de Mayo, se cumplen siete años de un entrañable acontecimiento familiar: La 1ª Comunión de mis hijos. Como se llevan muy poco, apenas 20 meses, pude hacer que la tomaran juntos, siempre dentro del año en que mi hija, la más pequeña de los dos, cumpliera los 9 de edad.
En aquella época, las cosas no me iban demasiado bien económicamente, pero no podía dejar que mis hijos no disfrutaran de un día tan señalado en la vida de un niño (O niña). Sus amigos la habían ido tomando, y contaban lo bien que lo habían pasado, y la cantidad de regalos que les habían hecho. Ya sé, y soy consciente de ello, que una festividad, en teoría religiosa, se ha vuelto algo mundana, sobre todo por el fuerte golpe de consumismo que supone para familiares y amigos; pero así se han vuelto ahora las cosas, y no merece ir contra corriente, sobre todo si la felicidad de unos niños está de por medio.
Todavía me río cuando recuerdo, al preguntarles a mis hijos ¿De qué vas a tomar la Comuión? Y mi hija decía: "Yo de novia" y mi hijo:"Yo, de capitán" (No le gustaba el de marinerito). Y se acercaba la fecha y no había casi dinero, ni tampoco había nada apalabrado para el convite. Sin embargo, una serie de golpes de suerte hizo que todo se resolviera felizmente.
La declaración de renta de ese año nos salía "A devolver", y como era una cantidad bastante interesante, pedí un crédito sobre esa devolución, que me concedieron sin problemas. A mi mujer, en Mercadona, le dieron una pequeña prima por beneficios. Y en el trabajo que tenía entonces (Vendedor de chalets de segunda mano, en una inmobiliaria) tuve la suerte de, en poco tiempo, realizar dos ventas, con buena comisión.
Por otra parte, tuve la gran suerte de encontrar un restaurante al que le habían cancelado un banquete, teniendo apalabradas bastantes cosas, por lo que pude "apretar" un poco en el precio, logrando un buen descuento. Además, el salón en que se debía hacer era como una especie de "jaima", muy bien decorada, que daba un encanto especial al sitio del convite.
Y debo reconocer que todo salió perfecto. Por si algo faltaba, a mi, que siempre me he considerado más bien agnóstico, me liaron para que durante la misa saliera a leer unas palabras, dándome para ello un pasaje del Deuteronomio. No me hacía mucha gracia, pero la ilusión de mis hijos, por verme hablar allí, hizo que me sacrificara por ellos hasta en éso.
A pesar del tiempo que ha pasado, todavía recuerdo el 13 de Mayo como un día muy ameno y entrañable. Aunque este año haya caido en martes...
Lo siento por los supersticiosos. (Yo no lo soy, porque trae mala suerte. Je, je, je)
